El hábito de comunicarse

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La comunicación no es sinónimo de hablar, de enviar mensajes o realizar señas a otra persona. La comunicación es resultado de todo ello, es el mensaje más profundo que las palabras y los gestos, junto a los iconos, ayudan a transmitir. En los tiempos actuales, donde hay tantas formas de mantenerse en contacto con la realidad en diversos puntos del globo terráqueo, la comunicación se ha convertido en un hábito en peligro de extinción. Aunque parezca contradictorio, este hábito empezó a perderse en el momento en que los seres humanos encontraron formas de enviarse mensajes que no requirieran esfuerzos físicos para ello.

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¿Por qué es un hábito? La respuesta más sencilla, parafraseando las palabras aristotélicas, es que el ser humano es un ser social y, por ende, tiene en su ADN el hábito de expresarse con otros. Sin embargo, tomando en cuenta que cada vez más las interacciones físicas son menores, es necesario recuperar la habilidad tomándolo por el mismo camino de los demás hábitos.

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En primer lugar, para recuperar el hábito de comunicarse lo que hay que hacer es, simplemente, apagar los aparatos electrónicos. Si se desea conversar con alguien y está cerca, la mejor forma de hacer llegar los problemas y las palabras es a través del contacto directo. No se debe pensar tanto en personas lejanas, cuando se tienen amigos y familia al alcance de la mano, cuando las personas más importantes de la vida están cerca, a la espera de un poco más de atención que por emoticons o signos. El habituarse a conversar cara a cara, a decir las cosas de frente, es la clave para mejorar las relaciones personales.

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En segundo lugar, otro detalle importante para desarrollar el hábito de la comunicación, es el cuidado del discurso. Las palabras, el impacto y sentimiento que causan, deben ser mesuradas frente a la persona a la que se entregan. Se debe cuidar el tono, los gestos y el tipo de vocabulario a utilizar. Por sobre lo demás, se debe tratar de utilizar palabras más allá de monosílabos y cortas conversaciones.

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Por último, aunque no menos importante, el punto final para lograr establecer el hábito de la comunicación en estos tiempos, es la constancia de la práctica. Una ayuda clave en conseguir el objetivo podría ser organizar actividades donde se prohiba el uso del teléfono celular, tomar las comidas sin aparatos electrónicos de por medio, tener conversaciones diarias con las personas más importantes sin el teléfono, y en realizar cualquier actividad que implique una conexión física o emocional.

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La importancia del hábito de descansar

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Es normal que al llegar el fin de semana se tengan las tendencias de ir de fiesta a alguna discoteca o de permanecer hasta tarde frente a la computadora, quizás viendo alguna película o simplemente completando trabajos para un momento libre más en las horas de ocio. Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando beber, bailar y no dormir se vuelven un hábito? ¿Es en verdad normal y beneficioso llevar una vida así, por más joven y lleno de energía que uno sea?[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]La respuesta es no, por supuesto. También es contraria a la buena salud el tener habituado el consumo de café y energizantes en general. La mente, al igual que el cuerpo, funcionan de manera óptima sólo a través del respectivo de un respectivo descanso diario, que va más allá de realizar siestas de dos horas o mantener altos niveles de cafeína en la sangre.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][prkwp_spacer size=”20″][vc_column_text]

Colocar un tiempo máximo de trabajo diario es un buen hábito para descansar mejor

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ahora bien, al saber ya lo malo, hay que señalar los hábitos que son adecuados para una persona sana y, sobretodo, eficiente. En primer lugar, tenemos lo evidente: dormir ocho horas o más, sí es posible. Además, está el mantener una vida física activa, buscarse un hobby que relaje la mente, pasar tiempo en familia o amigos, y alimentarse de forma balanceada. Disminuir el consumo entre semana de alcohol también es una buena idea, junto a colocar un tiempo máximo de trabajo diario.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Hay que destacar que tener los hábitos anteriores no son garantía de tener una vida tranquila, pero ayudan al siguiente paso, que es descansar el alma. Purificar su esencia de las malas vibraciones, utilizando las herramientas que dan las interacciones con otros y uno mismo. En esencia, conversar con amigos y familias de problemas, con un psicólogo o ayuda espiritual. Busca algo en lo que creer, bien sea la ciencia o Buda, pero habituarse a eliminar los pesos del alma tanto como se buscan eliminar los pesos del cuerpo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Sí se tiene algún hábito que esté evitando la asimilación del verdadero descanso, ¡Sea constante! Las mañas son difíciles de quitar cuando se tienen instauradas, pero no es una tarea imposible. Recuerden que con trabajo se puede mover hasta la roca más pesada, y al estar en mejoramiento la vida, no hay sacrificio pequeño ni esfuerzo mínimo que sea inútil. Así que, permitase una nueva vida, una más sana y llena de felicidad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

El hábito de disfrutar cada día 

[vc_row][vc_column][vc_column_text]El vivir en el siglo XXI es sinónimo de días apresurados, encuentros sin mucha profundización en las conversaciones e intereses ajenos. Es olvidar que el trabajo se hace para tener una mejor calidad de vida, y que las familias que luchan por mantenerse también necesitan el aprecio y el cariño de la persona que los alimenta. Es sorprendente la cantidad de tiempo que se invierte en los hábitos de trabajo productivo, los hábitos para ejercitarse de forma continua, en contraparte al poco que se gasta en señalar y cultivar otro hábito muy importante: el hábito de disfrutar los pequeños detalles.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hay un dicho que reza: “El dinero es para gastarse”, y, aunque es cierto que hay que mantener cierta forma de sustento a largo plazo, no se puede negar la acertividad que posee la sencilla frase. Se pasa tanto rato caminando de un lado a otro que se olvida de disfrutar el camino. Los días de trabajo pasan entre tensiones, la convivencia familiar se vuelve monótona, porque no se habitúa a la mente a buscar pequeños detalles nuevos que resten la melancolía, como un programa común o una salida fuera de la rutina diaria. El dinero sirve como medio a la cercanía con otros, pero a su vez, olvidar porque se obtiene, es signo clave que hay que entender para lograr mayor felicidad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Sí alguno de los signos suenan familiares, es hora de verificar que aspectos de la vida pueden estar faltando. En un momento tranquilo, quizás después que los niños duerman o tras terminar de ver el programa de media noche, se puede contestar algunas de las siguientes preguntas que le pueden ayudar: ¿Cuándo fue la última vez que besé a mi pareja? ¿Cuánto he invertido en pasar tiempo con mi familia? ¿Cuánto dinero? ¿Cuándo fue la última vez que vi algo distinto? ¿En verdad era distinto a lo que veo diariamente? ¿Soy feliz?[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

No hay que preocuparse sí dudaste en alguna de las preguntas anteriores. Responderlas es harto difícil cuando no se está acostumbrado a salir de la caja, algo contradictorio ¿No?, pero hay pasos sencillos de aplicar. Primero, hay que aceptar el problema. Segundo, ser franco con nosotros mismos, admitiendo las soluciones  junto a los problemas. Tercero, ser paciente. Los paseos impulsivos tardarán un poco en volverse parte de la vida, pero vendrán, seguro que sí, sólo hay que dejarlo al tiempo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

El hábito de ver cada día como uno distinto es, después de todo, un hábito que debe trabajarse y cultivarse.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

La constancia como hábito para la superación

[vc_row][vc_column][vc_column_text]En los días que han pasado, he entrado en contacto con una de mis primas lejanas. Ahora tiene un hijo en edad escolar, aprendiendo a leer y a sumar como tantos otros niños. Se puede apreciar claramente el esfuerzo diario que le toma entender una sílaba, en recordar que dos más dos son cuatro. Es increíble que ese mismo niño en unos años esté pasando su mirada por libros completos, o quizás se convierta en un ingeniero. Es extraño pensar que todos fuimos en un punto como ese mismo niño, y ahora somos mucho más. Sin ir más allá, ahora leen estas páginas de modo automático, sin pensar en el esfuerzo titánico que se debe hacer para leer una simple sílaba.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]He pensado que si estudiar un poco cada día fuera un hábito que se tuviera enraizado desde temprana edad; las tareas de la universidad, el colegio y los cursos, no fueran ya una molestia, sino que formaría parte de nosotros el enfrentar el reto de aprender de manera agradecida, asumiendo desde un principio los objetivos que se desean alcanzar, en vez de enfocar esfuerzos en el tiempo que se va a gastar realizando cuál o qué tarea.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][prkwp_spacer size=”20″][vc_column_text]

El tamaño de nuestra constancia nos condicionará a convertirnos en personas de más o menos éxitos

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El conocimiento, las experiencias, incluso la necesidad de aprendizaje, son manifestaciones de nuestros hábitos. Dependiendo de cómo vivamos nuestro día a día, del orden que tengamos y la naturaleza de nuestras actividades, el tamaño de nuestra constancia nos condicionará a convertirnos en personas de más o menos éxitos. La organización centrada en leer o estudiar un poco cada día, aunque sea de forma distraída, es una herramienta que ayudará a todas aquellas personas que deseen convertir sus sueños en realidades, ya que con la práctica constante se perfeccionan los avances y se pulen los errores.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Como ejemplo a la ideal situación descrita arriba, se puede citar el ejemplo de las hormigas, que llevando cada una un trozo de alimento, una roca, conforman un refugio donde pueden seguir creciendo y desarrollándose. Hay que admirar la organización instintiva de los insectos, que no deja de ser increíble al ser algo natural. Quizás sí dejáramos de confundir bienestar con disfrute, volviendo la estabilidad el estado habitual de nuestra vida, tendríamos tiempo para el placer y la responsabilidad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La meta de las personas de los presentes tiempos es convertir la constancia en algo instintivo e inherente a cada uno. El primer paso del éxito es condicionar nuestro cuerpo y mente a dar todo nuestro ser en cada diminuto paso, con igual pasión que la primera vez. De esa forma, nuestros sueños estarán más cerca y a nuestro alcance, un grano de arena al día.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Mejorando mis hábitos

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Últimamente me han pasado por la cabeza varias actividades para darle un poco de cambio de ritmo a mi rutina diaria. En vez de gastar tanto tiempo en la computadora o en el teléfono, actividades que se habían vuelto hábitos diarios, podría dirigirme a estructura mis horas para aprovechar el máximo las horas del día. Sin embargo, como con todos los malos hábitos, es cuestión de agregar cada día una pizca de arena a la totalidad del esfuerzo que requiere el cambiar una costumbre desarrollada. El modo en que he empezado a desviar mis energías a actividades útiles, se basa más en dejar apagado los aparatos electrónicos durante las horas siguientes a mi despertar, y enfocarme en seguir el horario adecuado para manipularlos como primer paso para avanzar en el día.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Mi madre muchas veces me ha dicho que debo apagar la computadora y el teléfono una hora antes de mi hora normal de dormir y debo admitir que, como todas las madres, tiene mucha razón. Desde que he seguido esta segunda y sencilla regla, el sueño no tarda tanto en llegar, además que me siento refrescada en la mañana por un descanso sin problemas. Es una norma que grandemente recomiendo a todas las personas trabajadoras, a los estudiantes y, en general, a quien desee dar un vuelco a su descansar.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_empty_space height=”20px”][vc_column_text]

Apagar todo una hora antes de acostarnos y dormir un mínimo de seis horas  son hábitos necesarios para descansar mejor y lograr rendir

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hablando de los estudiantes, la norma número tres está dedicada especialmente a ellos. Siendo parte de ese grupo necesario en la sociedad, me siento obligada a mencionar que estudiar toda la noche o hasta altas horas de la noche, previo a un examen, es el peor error que se puede cometer. Sobretodo sí es un examen importante, donde tus nervios de por sí se verán presionados por las necesidades de apuntar la máxima nota posible. Según mi experiencia, es requerido el lapso de seis horas mínimas para lograr rendir, además, se ha de dejar de estudiar al menos una hora antes de descansar, para que el cerebro tenga tiempo de procesar los nuevos conocimientos y relajarse. Irse a la cama con un montón de fechas nuevas, fórmulas matemáticas o procedimientos es un hábito que debemos evitar o cambiar.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_empty_space height=”40px”][vc_column_text]

La diversión no puede convertirse en hábitos dañinos que afecten nuestra vida diaria

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Lo mismo se puede aplicar a consumir alimentos y bebidas como el café, el té, dulces o comidas pesadas antes de dormir. Todas y cada una de las comidas mencionadas anteriormente pueden servir para despertarse, o relajar la mente de una actividad especialmente agotadora, pero no es recomendable consumirlos a la mínima excusa sin algún tipo de rutina de ejercicio físico. Es recomendable también tener una hora límite para tomarlos, ya que son los primeros en interferir con un buen sueño.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]No es sencillo cambiar. Lo sé, estoy viviendo en carne propia las dificultades que implican cambiar los malos hábitos por rutinas saludables; pero estoy segura que los resultados excederán los sacrificios. Mi vida mejorará cuando cumpla la regla de actividad física, y he realizado muchos trabajos al retrasar el inicio del uso de los aparatos electrónicos, sobretodo en la mañana. Estoy aprendiendo mi lección: la diversión no puede convertirse en hábitos dañinos que afecten nuestra vida diaria. Estoy aprendiendo a cambiar mis malos hábitos, y me siento contenta de notar mejoras. Te invito a hacerlo también.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Creando el hábito de la lectura en niños

[vc_row][vc_column][vc_column_text]A la razón de ser el día del libro, me he puesto a pensar sobre mi desarrollado hábito de la lectura y en el primer libro que leí cuando tenía ocho años: “Harry Potter y la Piedra Filosofal” de J.K Rowling. Sin embargo, no profundicé mucho en ello porque recordé que, a diferencia de mi madre, empecé la lectura más bien de forma tardía. Recuerdo que una vez me comentó que ella empezó a leer a los 6 años y se volvió un hábito natural que transmitía a todos a su alrededor.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Pero, me pregunto: ¿cómo se adquiere el hábito de la lectura?. Cavilando durante largo rato, he llegado a una serie de conclusiones que tal vez sirvan para aquellos padres, lectores o no, que deseen inculcar en sus infantes la habitualidad de leer. Hay que tener en cuenta que las he sacado a base de memorias personales, y de observación hacia mis hermanos pequeños y sus interacciones con los libros.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_raw_html]JTNDcCUyMHN0eWxlJTNEJTIydGV4dC1hbGlnbiUzQSUyMGNlbnRlciUzQiUyMiUzRSUzQ2lmcmFtZSUyMHN0eWxlJTNEJTIyd2lkdGglM0ExMjBweCUzQmhlaWdodCUzQTI0MHB4JTNCJTIyJTIwbWFyZ2lud2lkdGglM0QlMjIwJTIyJTIwbWFyZ2luaGVpZ2h0JTNEJTIyMCUyMiUyMHNjcm9sbGluZyUzRCUyMm5vJTIyJTIwZnJhbWVib3JkZXIlM0QlMjIwJTIyJTIwc3JjJTNEJTIyJTJGJTJGd3MtbmEuYW1hem9uLWFkc3lzdGVtLmNvbSUyRndpZGdldHMlMkZxJTNGU2VydmljZVZlcnNpb24lM0QyMDA3MDgyMiUyNk9uZUpTJTNEMSUyNk9wZXJhdGlvbiUzREdldEFkSHRtbCUyNk1hcmtldFBsYWNlJTNEVVMlMjZzb3VyY2UlM0RhYyUyNnJlZiUzRHRmX3RpbCUyNmFkX3R5cGUlM0Rwcm9kdWN0X2xpbmslMjZ0cmFja2luZ19pZCUzRG51ZXN0aGFiaXQtMjAlMjZtYXJrZXRwbGFjZSUzRGFtYXpvbiUyNnJlZ2lvbiUzRFVTJTI2cGxhY2VtZW50JTNEODQ3ODg4NjU0MCUyNmFzaW5zJTNEODQ3ODg4NjU0MCUyNmxpbmtJZCUzRFdFRkRHTjUyRFdHS1JOSkYlMjZzaG93X2JvcmRlciUzRHRydWUlMjZsaW5rX29wZW5zX2luX25ld193aW5kb3clM0R0cnVlJTIyJTNFJTNDJTJGaWZyYW1lJTNFJTNDJTJGcCUzRQ==[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En primer lugar, no hay que presionar a los niños a leer. Van a terminar odiando los libros si se les fuerza a terminar un determinado número de páginas para realizar otra actividad. En vez de verlo como algo divertido, les parecerá tarea. Déjenlo escoger sus propios libros cuando vayan a una librería, o entréguenle primero alternativas donde también puedan leer. Mi hermano empezó leyendo con cómics de aventura y libros sobre piratas y dinosaurios, y ahora lee cuentos infantiles cortos. Es un trabajo de paso a paso.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_empty_space height=”50px”][vc_column_text]

No hay que presionar a los niños; los niños imitan a los adultos, lea frente a ellos; ayude al niño a conseguir su libro favorito, déle opciones

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]El segundo paso es el ejemplo. Sí el niño lo ve leer, va a querer imitarlo hasta cierto punto. Este paso no sólo se aplica en los niños, también los adultos tienden a seguir los pasos de compañeros o amigos lectores, cuando encuentran un libro que les llame la atención. Este tercer punto es importante también: espere que su hijo encuentre el libro que lo introducirá a la lectura. Aunque lleve toda su infancia leyendo, sí no ha encontrado ese libro, no se le puede considerar un lector por naturaleza, sino todavía alguien que está en una etapa de curiosidad típica de su edad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Finalmente, lo más importante que puede hacer como padre es, simplemente, brindar apoyo a su hijo. En estos tiempos donde el hábito de la lectura infantil se encuentra en peligro, su hijo quizás resalte demasiado entre otros niños que cuestionen sus actividades. Debe hacerle saber que leer es una actividad personal, que es de su propio beneficio, y que no está mal, aunque nadie más lo practique en su círculo de amistad infantil. Invítelo a que hable de las historias que conoce con sus amigos, y así sigan disfrutando ese vínculo entre los dos sin mayores inseguridades de su parte.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Mi hábito, placer y vida: escribir.

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Para mi primer artículo hablaré sobre uno de mis diversiones predilectas: Escribir. Quizás se presente como un inicio un poco cliché, típico de los primerizos, pero es un tema que nace fácilmente de mis dedos cuando los poso en mi laptop. Después de todo, amo escribir. Es mi hábito, placer y vida. Es lo que más amo, como algunos aman pintar o escuchar música, viajar, comer, u cualquier otro placer individual que hace a cada día un poco más colorido. Después de todo, la vida no es un paseo sencillo, y a veces el peso del deber puede hundirnos en el camino empedrado que caminamos paralelamente. Se necesita una chispa que encienda el fuego de nuestras almas al despertar.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]¿Qué es escribir para mí? Más que un entretenimiento, es una forma de ver la vida, de manejar el estrés del día a día y colocar esas energías perjudiciales en palabras o situaciones imaginarias que frenen los pensamientos poco correctos. El escribir me enseñó a drenar, a calmarme. Es mi fuente de alivio, como para otros es el deporte. Las rabias del crecimiento, las peleas y los pésimos sentires se pierden con mayor rapidez cuando me concentro en plasmar vitalidad a las historias de mis pensamientos.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_empty_space height=”40px”][vc_column_text]

Escribir, más que un entretenimiento, es una forma de ver la vida

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Descubrí esta actividad a temprana edad, quizás ocho o nueve años, cuando muchos de nosotros, ustedes incluidos, encuentran los primeros disfrutes individuales, los primeros orgullos y, por supuesto, las primeras caídas. Pronto se volvió un hábito el pensar como usar mi alrededor como escenario privado de mi particular forma de ver el mundo, a veces quizás abstrayéndome demasiado del particular, de mi alrededor.

 

En formas de drenar el exceso de pensamiento que llena mi cabeza, comencé a practicar cada día como escribir mejor. Se volvió un hábito estudiar la estructura de los libros que leía, la forma en la que utilizaban las metáforas  para transmitir pensamientos, además de comprobar que historias me atraían más para seguir desarrollándome como escritora. El estudiar a los mejores para ser el mejor en lo que amas, es una recomendación que encarecidamente les ofrezco. La mariposa no nació hermosa y elevándose por los aires, sino que pasó una primera etapa de hermosa humildad y una tortuosa transformación que necesitó gran esfuerzo de su parte.

Estudiar a los mejores para ser el mejor en lo que amas

Gracias a la posibilidad de escribir, hoy puedo estar orgullosa de quién soy y a dónde voy. Tengo un sueño, un deseo dentro de mí que me esforzaré por hacer realidad. Es importante saber lo que a uno le apasiona, sin importar que las personas a tu alrededor se manifiesten contrarias o poco favorecedoras a tu forma de seguir. Sin importar sí te haces daño, dudas o pasas dificultad, es importante siempre recordarte que es lo que amas para ti. No es fácil, ni tampoco viene dado en un manual, pero el tener siempre guardado en tu corazón la chispa que te ayuda a levantarte cada mañana, hará tu vida una caminata bajo la luz del sol de primavera.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]