Ver televisión: un hobby sin beneficios

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Desde muy pequeños nuestro primer hobby es ver comiquitas, programas infantiles y un sin fin de películas que consumen nuestra infancia. Es lo primero que llegamos a conocer y a disfrutar como niños. Este momento de ver en la televisión algo que nos agrade se convierte en un hobby permanente, que más tarde se transforma en un hábito.

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Para los padres ciertamente este hábito les da tiempo libre. Pues, a los más pequeños de la casa los invade la tranquilidad al ver aquel aparato lleno de luces y colores llamativos. Es barato, accesible y apto para todo público.

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¿Qué pasa cuando este hábito abarca todo nuestro tiempo?

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Este aparato llamado televisión nos permite descansar de muchas maneras. Si tenemos niños, los dejamos en la televisión para obtener un poco de paz. Si llegamos cansados a nuestros hogares luego de una jornada de trabajo, encendemos la televisión y adiós problemas. Si estudiamos, simplemente lo encendemos y nos olvidamos del estrés de las tareas y compromisos escolares o universitarios.

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Muchas veces nos relaja, nos da paz y unas pocas veces nos da conocimientos. Pero, ¿Qué pasa cuando este hábito abarca todo nuestro tiempo?

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Según los científicos nuestras ondas cerebrales pasan de ondas betas a ondas alfas al momento de mirar la televisión. ¿Esto qué quiere decir? Bien, las ondas betas son producidas por el cerebro cuando hay actividad, es decir, cuando hay creatividad, imaginación, asociación entre otros… Por otro lado, las ondas alfas son producidas cuando estamos en un estado soñoliento (parecido a la hipnosis) en donde las actividades de lógica, comprensión y asociación quedan detenidas. Esto sugiere que cuando vemos televisión, prácticamente, nuestro cerebro no produce mayor actividad. Mirar televisión para nuestro cerebro es igual a mirar una pared fijamente.

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Mirar televisión para nuestro cerebro es igual a mirar una pared fijamente

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Una de las mayores consecuencias de ver televisión a diario es que nuestra capacidad de atención se va deteriorando con el paso del tiempo. Además, la cantidad de imágenes recibidas por nuestro cerebro al ver televisión nos puede producir estrés o irritación. La televisión puede llegar a ser una pequeña caja de pandora si no es moderada.

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Con esto no quiero decir que no podamos ver televisión. Podemos ver televisión siempre y cuando sea un hábito moderado. No está demás recordar que podemos realizar muchas otras actividades: practicar deportes, leer, visitar lugares históricos, aprender idiomas o hacer algún hobby que llame nuestra atención.

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La lectura podría ser un reemplazo excelente para este hábito tan dañino. Al leer, nuestro cerebro recrea imágenes parecidas a las que vemos en la pantalla de la televisión, además, es una muy buena manera de relajarnos, aprender y, sobre todo, de ejercitar nuestro cerebro y capacidad de atención.

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Reemplazar un hábito dañino por otro que nos genere beneficios es la manera más rápida de dejar atrás aquellas rutinas que intervienen de manera negativa con nuestra salud o manera de vivir. Toma conciencia de tus hábitos negativos y transfórmalos en hábitos positivos y beneficiosos.

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Videojuegos: ¿Un hábito negativo o positivo?

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Por lo general, vinculamos a los videojuegos con la obesidad o un estilo de vida sedentario. Incluso, hay opiniones de científicos que dicen que los videojuegos y la obesidad, muchas veces, van de la mano. Sin embargo, la causa de que los videojuegos produzcan sobrepeso es la cantidad de horas ilimitadas que niños y adultos le dedican a su PlayStation, PSP, Wii o Xbox.

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Reemplazar la actividad física por un juego electrónico no es una buena elección, ya que sus consecuencias impactan de manera directa a nuestra salud mental y física. A pesar de que los juegos electrónicos pueden tener un impacto negativo considerable en nuestra salud, también podrían llegar a tener efectos positivos para los llamados ¨gamers¨ (personas que dedican una cantidad de tiempo considerable a los videojuegos).

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Los videojuegos también pueden ayudar a mejorar tu agilidad mental

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Si quieres aumentar tu capacidad de razonamiento, estimular tu concentración, tus reflejos y la coordinación manual, una hora diaria dedicada al videojuego adecuado podría ser tu mejor opción. Además, los videojuegos también pueden ayudar a mejorar tu agilidad mental, promover el trabajo en equipo e incluso educarte sobre diferente temas.

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Actualmente, los videojuegos más populares son los de misiones ambientados en cierto punto histórico, estos son perfectos para aprender sobre la historia de un país o continente. Sin embargo, todos estos beneficios no se pueden obtener con cualquier videojuego, pues, un videojuego electrónico muy violento podría producir nerviosismo o ansiedad, sobre todo, en niños y adolescentes.

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Con un tiempo razonable de juego estaremos beneficiándonos de la diversión

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A pesar de que con un tiempo razonable de juego se pueden conseguir excelentes beneficios, no hay que olvidar que los más expuestos a este hábito son los más pequeños de la casa. Para los niños no solo se debe coordinar un tiempo de juego y el juego correcto para ejercitar sus diferentes capacidades mentales, sino que también se debe supervisar el contenido al cual son expuestos.

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Además de contenidos violentos o no aptos para niños, también hay que estar conscientes que en los juegos online se corre el riesgo de conocer a gente indeseada, por lo cual la supervisión de un adulto en todo momento sería lo ideal.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]

Los videojuegos tienen impactos positivos y negativos sobre nosotros. Sin embargo, los aspectos negativos como el sobrepeso pueden ser compensados, por ejemplo, el wii te obliga hacer movimientos físicos. También podemos compensar a nuestro cuerpo con una hora de ejercicio diario. Si logramos supervisar el contenido para nuestros niños o incluso, tomarlo en cuenta para nosotros mismos, con un tiempo razonable de juego estaremos beneficiándonos de la diversión. Divertimos y ejercitar nuestras capacidades mentales forma el hábito ideal para nuestro día a día.

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El hábito hace el idioma

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Llevo aproximadamente tres años enseñando inglés. Como profesora he podido observar de cerca todo el proceso de aprendizaje que conlleva conectarnos con un nuevo idioma que no es el nuestro. Por lo general, este proceso suele ser complicado, pero, en él juegan un gran papel la motivación, la práctica y la actitud. Además, debemos tomar en cuenta que no todos tenemos la misma facilidad de aprender idiomas o la misma velocidad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Por lo general, los niños son los más rápidos en captar la pronunciación y el vocabulario. Los adolescentes a excepción de unos cuantos, carecen de interés lo cual dificulta el proceso. Por otro lado, los adultos mayormente se complican más ya que algunos no han tenido tanto contacto con otros idiomas como los niños y adolescentes. En la mayoría de los casos los adultos aprenden un idioma adicional al de ellos por necesidades impuestas por el trabajo o por los deseos de conocer otro país.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La mayoría de los estudios cerebrales en el área de lenguaje determinan que luego de que el ser humano ha superado la edad de 12 años hay ciertas cosas en otros idiomas que no podrán captar completamente. Una de las mayores dificultades de aprender un idioma luego de los 12 años es la pronunciación. Por ejemplo, hay vibraciones o sonidos en otros idiomas que no tenemos en el español, por lo cual son casi imperceptibles y muy difíciles de articular para nosotros. Aprender un nuevo idioma representa todo un reto.

 

A pesar de todas estas pequeñas trabas, no hay nada que el hábito de la práctica no pueda vencer. Y es que con habituarnos a tener contacto diario con este nuevo idioma que estamos aprendiendo hacemos el 50 % del trabajo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][prkwp_spacer size=”20″][vc_column_text]

No hay nada que el hábito de la práctica no pueda vencer

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Buscar libros o escuchar música en el idioma que estamos aprendiendo puede ser un hábito muy beneficioso. También ayuda muchísimos ver series o películas en ese idioma y repetir lo que dicen solo por diversión. Poco a poco, con estos pequeños trucos volvemos el aprendizaje de ese nuevo idioma parte de nuestra rutina y así parte de nuestras vidas diarias.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hay estudios que dicen que expresar nuestros sentimientos en el idioma que estamos aprendiendo nos ayuda a conectarnos con esa nueva lengua. En base a mi experiencia puedo decir que es totalmente cierto. Al expresar nuestros sentimientos en otro idioma creamos una conexión con otra lengua y se nos facilita el proceso de aprendizaje.

 

Con seguridad les puedo decir que el hábito de la práctica y perseverancia hace el idioma y no la necesidad u obligación de hablar otro idioma. Con una buena actitud o con tan solo el hecho de que nos guste, podemos lograr aprender cuantos idiomas queramos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Volar implica dejar el hábito de caminar

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Una de las características de todo ser humano es que nos encanta tener una zona de confort. Por lo general, creamos una especie de mundo en el que nos sentimos cómodos, como dirían muchos, nos sentimos ¨Como en casa¨. Esta comodidad consiste en tener una casa estable, un mismo círculo de amigos o conocidos, una relación amorosa y un trabajo estable, que en algunos casos se vuelve nuestra vida. Nada de eso está mal. Este es el estilo de vida que solemos llevar.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Sin embargo, hay algo que nos da vuelta en nuestras cabezas, pues, a la mayoría le intriga la idea de conocer el mundo. ¿Y a quién no le gustaría visitar otro país de vez en cuando? La respuesta es simple: a todos les encantaría conocer otro país. La verdadera pregunta es ¿Quién se atrevería a dejar el país y la zona de confort al que está habituado para ir en busca de aventuras y conocimientos alrededor del mundo? En realidad, aunque todos desean viajar, muy pocos se lanzarían a esta aventura.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Nuestro planeta tierra tiene aproximadamente 194 países y nosotros, por lo general, pasamos toda nuestra vida en uno solo (en el que nacemos). ¿Por qué con tantos países la mayoría no logra conocer otro país que no sea su país natal? Esta pregunta podría tener muchas respuestas, si buscamos excusas hay una que se nos viene inmediatamente a la mente: el dinero. Nos decimos a nosotros mismos que no tenemos los recursos, que los tramites son complicados, en algunas ocasiones, nos repetimos que es peligroso. Muchas veces, buscamos amigos con quien planearlos, ahorramos y terminamos por dejarlo para el año siguiente.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]

No podemos seguir enjaulándonos y seguir caminando al paso de las comodidades. Es hora de volar, de ser libres

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]En fin, nos ponemos incontables trabas y jamás nos preguntamos ¿Por qué nunca lo llevamos a cabo? El mayor obstáculo para convertirnos en esos aventureros que tanto deseamos ser somos nosotros y nuestro habito de estar siempre en nuestra zona de confort. Nuestro mayor enemigo siempre somos nosotros acompañados, por supuesto, de excusas.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Viajar, en muchas ocasiones, suele ser complicado pero no imposible. Para los que viven en algunos países con restricciones a monedas extrajeras o en aquellos países con crisis económicas fuertes puede ser aún más complicado. Sin embargo, nada es imposible. Volar por el mundo, conocer, aprender y ser libre es algo que no todos tenemos la fuerza de hacer. Nos sentimos atados a nuestras responsabilidades, a nuestras sabrosas comidas, a nuestras familias y sobre todos a  nuestra tierra. No podemos seguir enjaulándonos y seguir caminando al paso de las comodidades. Es hora de volar, de ser libres. Para nuestros sueños no hay qué o quién nos detenga porque tenemos los recursos necesarios: querer, desearlo.

 

Siempre es difícil dejar los hábitos que realizamos día tras día, pero muchas veces, es momento de despedirlos por algún tiempo y vivir lejos de ellos. De esta manera, algún día, cuando seamos mayores podremos mirar atrás y no tener nada que nos haga desear regresar el tiempo. Los sueños están para cumplirse y no para dormirlos. Nuestro país siempre estará esperándonos con los brazos abiertos, conocer más culturas y convivir con otras costumbres abrirá nuestras mentes. Es momento de dejar el hábito de caminar en una misma tierra y volar a conocer otras, porque el mañana siempre estará muy lejos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Nuestros hábitos nos definen como latinoamericanos

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Como latinoamericanos estamos acostumbrados a que nuestra identidad sea un poco complicada de explicar. Muchas veces cuando nos preguntan ¿Qué quiere decir ser latinoamericano? O ¿Qué te define como latinoamericano? Nos quedamos sin palabras. Especialmente, cuando se trata de facciones físicas nos enfrentamos a una gran variedad. No compartimos el mismo color de piel, ni de ojos y mucho menos tenemos un prototipo físico que nos defina. Sin embargo, además de compartir el mismo idioma, territorio y la misma historia, compartimos algo más que nos define y nos une, nuestros hábitos.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Entre los hábitos latinoamericanos más comunes tenemos: el consumismo de productos norteamericanos, la práctica de la religión católica, ver televisión y la poca resistencia que mostramos ante las redes sociales. Los hábitos de los latinos conforman un territorio muy extenso. Pero, hay algo que nos hace realmente especiales. Y es que en cuanto a la cordialidad, amabilidad, respeto y sobre todo cuando se trata de ser solidario, somos los primeros en todo el continente Americano. Los latinoamericanos nos caracterizamos por siempre tender una mano amiga a quien nos necesita. Somos conocidos por la sensación de calidez que producimos.

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Los latinoamericanos nos caracterizamos por siempre tender una mano amiga a quien nos necesita

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Además, los latinos nos caracterizamos por nuestros hábitos rutinarios que consisten, mayormente, en trabajar o estudiar, en algunas ocasiones, ambas. Estamos marcados como los luchadores que día a día salen a la calle con un deseo constante de superación. Hemos convertido nuestras ganas de salir adelante en un hábito que practicamos día tras día.  Esto, quizás, se deba a la historia que compartimos. La colonización nos dejó marcados por la violencia y derramamiento de sangre, pero, nos volvió hermanos. No solo practicamos este hábito de superación diaria a nivel individual, también como países latinoamericanos buscamos la manera de salir adelante.

Latinoamérica es el mañana de un gran porvenir

A pesar de que, Argentina, Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El salvador y los otros 17 países que conforman a Latinoamérica son países en desarrollo, compartimos un hábito que nos hace especiales y fuertes ante los demás países del mundo. Y es que salir a la calle día a día, luchar por nuestros derechos, educación, y calidad de vida, se ha vuelto un hábito que nos define como latinoamericanos. Quizás, no seamos parte de los países desarrollados, pero, lo que nos define no es como nos clasifican los demás, sino lo que hacemos para demostrar lo contrario. Una vez más el hábito de cómo vivimos se convierte en lo que somos, y nosotros somos el mañana de un gran porvenir.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Complacer a los demás para sentirnos queridos se vuelve un hábito

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde que  salimos del vientre de nuestras madres somos dependientes de otros para sobrevivir. Nacemos como seres dependientes. Venimos al mundo como pequeños seres indefensos que necesitan ser alimentados y cuidados por otros. Poco a poco nos vamos desprendiendo de nuestras dependencias a medida que pasa el tiempo. Comenzamos a crecer y convertimos en adultos. Sin embargo, hay vínculos que nos rehusamos a dejar atrás. Nos cuesta trabajo sentirnos libres y felices por nuestra propia cuenta. Estos vínculos que nos mantienen atados van desde complacer a nuestras familias y amigos hasta complacer y aguantar todo tipo de maltratos de nuestra pareja. Complacer a los demás para sentirnos queridos se vuelve un hábito.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Muchas veces dejamos que el amor a nuestra familia o pareja nos sobrepasen, dejamos que este amor que se basa en estar acompañados nos exceda. Dejamos que nuestra felicidad dependa de los demás. Nos olvidamos de amarnos a nosotros mismos y olvidamos dedicarnos a  nosotros. Nuestra vida se convierte en lo que somos cuando estamos con otras personas, ya que sin ellas nos sentimos vacíos. A veces, esto nos absorbe hasta el punto de estar deprimidos cuando nos encontramos solos y en algunos casos es necesario ir a terapia con un especialista. El apego excesivo puede ser un hábito que nos lleve a una muy profunda depresión.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_empty_space height=”50px”][vc_column_text]

En el equilibrio está el secreto de la felicidad.

 

Amémonos primero a nosotros y luego a los demás.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Mantener el equilibrio apropiado en nuestras vidas puede ser una tarea sumamente complicada. Sin embargo, no es imposible. Nuestra naturaleza nos hace querer interactuar con otras personas, queremos desesperadamente sentirnos amados y sentir que no estamos solos. Todo esto es normal en el ser humano. Pero, debemos ser cuidadosos y no dejar que el amar a los demás por encima de nosotros mismos se convierta en un hábito. Hay quienes están tan hundidos en este hábito de dependencia a sus parejas y familia, que cuando se encuentran solos entran en depresión. Los casos más comunes, aunque no los únicos,  suelen ser el apego de los hombres a sus madres y de las mujeres con sus parejas.

 

En el equilibrio está el secreto de la felicidad. Amemos, compartamos, riamos, interactuemos y seamos felices con el cariño de nuestras familias y parejas, pero, no en exceso. Amémonos primero a nosotros y luego a los demás. Quien no se ama y valora a sí mismo no podrá saber jamás como se siente el verdadero amor, en cambio, tendrá dependencias toda su vida. Amemos con mesura. Debemos dejar de ver a la soledad como nuestra enemiga. Estar solo puede ayudarnos a reencontrarnos con nosotros mismos, a conocernos y a amarnos por quienes somos.

… que se vuelva un hábito ser feliz

Vivimos en un planeta con más de siete mil millones de habitantes y aun así podemos llegar a sentirnos solos. En esos momentos de soledad debes recordar que te tienes a ti mismo, y que eres una persona valiosa y llena de virtudes. Amemos, pero no pongamos nuestra felicidad en manos que no nos pertenecen. Somos los únicos capaces de hacernos felices, que se vuelva un hábito ser feliz. Somos lo que queremos ser y no quienes quieren que seamos. Todo en exceso nos daña, incluso, el amor o lo que creemos es amor.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Esclavos de nuestros hábitos

[vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Inquietud, angustia y temor. Estos son solo algunos de los principales síntomas causados por la ansiedad. Y bien, actualmente, ¿Quién no se siente atacado por este estado emocional llamado ansiedad? Vivimos a diario de un lado a otro, algunos presionados por su formación académica y otros por la vida laboral. Como seres humanos compartimos una misma preocupación: tener tiempo libre. Estamos siempre a la espera del mañana, del fin de semana o de las vacaciones para lograr un pequeño respiro. Poco a poco estos estados de estrés continuos que conforman nuestro día a día, nos conducen a estados de ansiedad que pueden ir desde sentir angustia hasta sentir que podemos morir en cualquier momento.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]La ansiedad, no es más que un estado emocional que nos hace perseguir el mañana, olvidando así nuestro más preciado momento: el presente. Además de los hábitos cotidianos, entre ellos el trabajo y los estudios, las redes sociales también constituyen un gran factor para incrementar este estado emocional. En la actualidad, la mayoría de los seres humanos compartimos adicciones en cuanto a teléfonos, computadores y televisión. Hemos convertido a las redes sociales en hábitos que constituyen nuestro tiempo libre. Pero, en realidad, si dedicamos todo nuestro tiempo libre a las redes sociales y aparatos electrónicos ¿Cuándo tenemos tiempo para nosotros?[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_empty_space height=”70px”][vc_column_text]

Como seres humanos compartimos una misma preocupación: tener tiempo libre

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Somos esclavos de hábitos dañinos. Muchos nos preguntamos ¿Cuál es la solución? Pues, la solución se encuentra en cada uno de nosotros. A pesar de que los fármacos con una prescripción psiquiátrica pueden llegar a ser de mucha ayuda, lo mejor es mejorarlo paso a paso. Algunos de los pasos más importantes para mejorar esta condición son: tomar en cuenta que el presente forma parte de nuestra vida y que el futuro siempre se encontrará lejos, dedicar unos minutos del día para sí mismo, bien sea con ejercicios, lecturas o con pequeños viajes planeados.

La solución está en nuestras manos

Se estima que una de las herramientas más efectivas para controlar la ansiedad es el amor. Dedicarse a la pareja, e incluso, tener relaciones sexuales disminuye la ansiedad causada por nuestros hábitos. Y para aquellos que formamos partes de la comunidad solitaria no se preocupen, porque también la dedicación a la familia o un respiro con nuestros amigos puede ayudar a relajarnos.

 

La solución está en nuestras manos. Detenernos  un minuto y contemplar el presente con la dicha de estar vivos disfrutando un momento más junto a las personas que amamos, mejorará cualquier situación de ansiedad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]