Videojuegos: ¿Un hábito negativo o positivo?

Por lo general, vinculamos a los videojuegos con la obesidad o un estilo de vida sedentario. Incluso, hay opiniones de científicos que dicen que los videojuegos y la obesidad, muchas veces, van de la mano. Sin embargo, la causa de que los videojuegos produzcan sobrepeso es la cantidad de horas ilimitadas que niños y adultos le dedican a su PlayStation, PSP, Wii o Xbox.

Reemplazar la actividad física por un juego electrónico no es una buena elección, ya que sus consecuencias impactan de manera directa a nuestra salud mental y física. A pesar de que los juegos electrónicos pueden tener un impacto negativo considerable en nuestra salud, también podrían llegar a tener efectos positivos para los llamados ¨gamers¨ (personas que dedican una cantidad de tiempo considerable a los videojuegos).

Los videojuegos también pueden ayudar a mejorar tu agilidad mental

Si quieres aumentar tu capacidad de razonamiento, estimular tu concentración, tus reflejos y la coordinación manual, una hora diaria dedicada al videojuego adecuado podría ser tu mejor opción. Además, los videojuegos también pueden ayudar a mejorar tu agilidad mental, promover el trabajo en equipo e incluso educarte sobre diferente temas.

Actualmente, los videojuegos más populares son los de misiones ambientados en cierto punto histórico, estos son perfectos para aprender sobre la historia de un país o continente. Sin embargo, todos estos beneficios no se pueden obtener con cualquier videojuego, pues, un videojuego electrónico muy violento podría producir nerviosismo o ansiedad, sobre todo, en niños y adolescentes.

Con un tiempo razonable de juego estaremos beneficiándonos de la diversión

A pesar de que con un tiempo razonable de juego se pueden conseguir excelentes beneficios, no hay que olvidar que los más expuestos a este hábito son los más pequeños de la casa. Para los niños no solo se debe coordinar un tiempo de juego y el juego correcto para ejercitar sus diferentes capacidades mentales, sino que también se debe supervisar el contenido al cual son expuestos.

Además de contenidos violentos o no aptos para niños, también hay que estar conscientes que en los juegos online se corre el riesgo de conocer a gente indeseada, por lo cual la supervisión de un adulto en todo momento sería lo ideal.

Los videojuegos tienen impactos positivos y negativos sobre nosotros. Sin embargo, los aspectos negativos como el sobrepeso pueden ser compensados, por ejemplo, el wii te obliga hacer movimientos físicos. También podemos compensar a nuestro cuerpo con una hora de ejercicio diario. Si logramos supervisar el contenido para nuestros niños o incluso, tomarlo en cuenta para nosotros mismos, con un tiempo razonable de juego estaremos beneficiándonos de la diversión. Divertimos y ejercitar nuestras capacidades mentales forma el hábito ideal para nuestro día a día.

Transitar no es vivir. Recorre, conoce y disfruta tu ciudad

Varios factores nos han obligado a regresar a los espacios cerrados, a cultivar el hábito de vivir en interiores. El clima, los peligros naturales, la falta de espacios públicos, entre otros, han obligado al ser humano a resguardarse del espacio exterior en el pasado.

Hoy esos factores se han atenuado bastante: ropa para casi toda clase de clima y reguladores de temperatura en lugares públicos, peligros como animales depredadores o inclemencias meteorológicas no representan un problema. En los últimos años se ha promovido y construido la cultura del espacio público o de esparcimiento. Sin embargo, ¿Qué nos impide hoy salir y vivir la ciudad?

1) El internet. Los dispositivos electrónicos que nos conectan con la red parecen haber sustituido, de alguna manera, la vivencia personal y directa. La vivencia a través del medio se hace evidente: todo parece alejarse más y nosotros parecemos aislarnos más.

El exterior se vuelve espacio de tránsito y no espacio de disfrute

2) El modo de vida al que estamos acostumbrados nos dirige de la casa a la oficina, de la oficina al gimnasio, del gimnasio a la casa. El exterior se vuelve espacio de tránsito y no espacio de disfrute.

No quiero decir con esto que tenemos que desconectar los televisores, quitarle la batería a los teléfono, cancelar el internet. Creo que a través de estos medios podemos redescubrir otros modos de vivir afuera, de experimentar la ciudad y sus posibilidades. No solo por las nuevas aplicaciones que nos facilitan conseguir un café o restaurant ideal, creo que podemos aprovechar el modo de movernos en la red -brincando de link en link, de interés en interés, ese modo inquieto y curioso- para movernos en la ciudad y descubrirla no solo como tal o cual avenida, tal o cual estatua, sino como un organismo que cambia diariamente. Tampoco quiero decir que para disfrutar la ciudad debemos llegar tarde a la oficina, pero tomar un poco de tiempo de la hora de almuerzo para recorrer, por gusto, lo que nos rodea, no nos dañará.

Vivir en la ciudad, vivir a la ciudad, es algo que no se nos enseña, es algo que debemos descubrir por nosotros mismos. No pensemos en las rutas o lugares turísticos, esos ya los conocemos bien. El hábito de descubrir la ciudad es conocer sus historias y leyendas, saber por qué esta calle se llama así, y cómo se llamaba antes, conocer a su gente cotidiana, a la gente que vemos todos los días en el café, en el ascensor, los espíritus curiosos encontrarán su más infinita fuente de inspiración en estos recorridos. Estar dispuesto a notar esos pequeños detalles que la componen, porque las ciudades no son solamente sus grandes edificios, al igual que las personas no son solo sus cuerpos. Dejarse sorprender por las pequeñas mutaciones diarias que cubren nuestro recorrido cotidiano.

La idea de probar esta manera de habitar y recorrer la ciudad es, además de conocer nuestro lugar mejor, a fondo y con cariño, sentirnos mejor con nosotros mismos, conocernos mejor a nosotros mismos, descubrir nuestros gustos y desarrollar nuestra curiosidad. Hacemos tres, hasta donde logro darme cuenta, actividades a la vez: nos ejercitamos, conocemos la ciudad y descubrimos gustos nuevos. No hay nada más satisfactorio que poder hablar de tu ciudad, de tu cuadra, con soltura y propiedad.

¡A animarse con los recorridos inéditos y a volver la curiosidad por la ciudad un hábito!

Hábitos de un buen viajero

Vas a viajar, haces el check-in, pasas a emigración y te dicen que tu pasaporte está vencido. Preparaste la maleta una semana antes, pero te diste cuenta, ya tarde, que dejaste la ropa interior. Estás en otro país y debes tomar un avión, tren o bus, pero llegas tarde y lo pierdes. Y el clásico: en el viaje de regreso siempre pagas exceso de equipaje. Aunque insólitos, estos escenarios son más comunes de lo que parecen y la situación puede llegar a ser verdaderamente caótica si en un mismo viaje se juntan uno, dos o todos las anteriormente descritos, como lo fue en mi caso.

Para sacarles de duda, sí disfrute el viaje y estuvo maravilloso, pero me prometí a mi misma evitar los “pequeños” descuidos que pueden generar malos ratos y, en adelante, adoptar los bueno hábitos que todo viajero debe tener.

Chequear el pasaporte y la visa

Muchos países solicitan un permiso o visa para poder ingresar, así que antes de comprar el boleto chequea cual es la documentación que exige el destino hacia donde deseas ir. Es muy común que algunos países exijan que nuestro pasaporte tenga más de tres o seis meses de vigencia, por ello es importante siempre revisar la fecha de expiración del mismo.

Revisar los boletos o tickets

Especialmente en países europeos y asiáticos, la puntualidad es la regla de oro. Independientemente del medio de transporte en el que viajes, por lo general se pide que estés una o dos horas antes de la hora de salida indicada y aunque sea un poco tediosa la espera, es mejor que perder el viaje, pagar multas o reprogramar todo tu itinerario. Si estás en un lugar que no conoces, asegúrate y toma todas las previsiones necesarias para que no ocurra ningún inconveniente al momento de tu salida.

Hacer una lista para preparar la maleta

No a todos nos gusta hacer listas, pero créeme cuando te digo que ésta de verdad funciona. Siempre, cuando estamos en fecha cercana a un viaje, nos llegan pensamientos como: “debería llevarme tal cosa para el viaje porque la necesitaré”; este es el momento para que corras por tu lista y anotes todas las cosas que consideres que debes llevarte para tu viaje. Incluso, es recomendable incluir dentro de la lista las cosas obvias de todo viaje (ropa interior, tarjeta de crédito, cargador de celular), pues en muchos casos, algo tan tácito se nos olvida.

Controlar el peso del equipaje

En los viajes es, precisamente, cuando nos permitimos que ese instinto de comprador compulsivo que llevamos por dentro salga a flote. Sin embargo, debemos prestar atención sobre las cosas que compramos, porque en la mayoría de los casos el exceso de equipaje es realmente costoso. Evita comprar cosas que sabes que jamás usarás y que tengan mucho peso, al momento de guardarlos en la maleta saca los productos de las cajas y bolsas para que puedas organizarlos mejor y por favor… acéptalo, deja en casa el libro de 500 páginas que llevaste solo por si “te aburrías y te daba chance de leerlo” pues sabes que no lo harás.

Investigar sobre el país que se visita

Más allá de revisar los aspectos formales como lengua, moneda, diferencia horaria y vacunas requeridas, revisa sobre las costumbres y cultura del país. Bien dice un refrán: “donde fueres, haz lo que vieres”, así que si decides ir, por ejemplo, a Alemania, podrás tomar cerveza a cualquier hora del día, si vas a China, tendrás que ir preparado para comer alimentos realmente exóticos, y si eres mujer y vas a Arabia Saudita, mejor mete en tu maleta pashminas para que las utilices como “burka” o “niqab” (prenda para cubrir el cuerpo completo o rostro).

Por último, lo más importante es que disfrutes tu viaje, que aprendas de una nueva cultura, que despejes tu mente y que aproveches el momento para renovar tus ideas y, en especial, para dedicarte un tiempo a ti mismo.

El hábito de disfrutar cada día 

El vivir en el siglo XXI es sinónimo de días apresurados, encuentros sin mucha profundización en las conversaciones e intereses ajenos. Es olvidar que el trabajo se hace para tener una mejor calidad de vida, y que las familias que luchan por mantenerse también necesitan el aprecio y el cariño de la persona que los alimenta. Es sorprendente la cantidad de tiempo que se invierte en los hábitos de trabajo productivo, los hábitos para ejercitarse de forma continua, en contraparte al poco que se gasta en señalar y cultivar otro hábito muy importante: el hábito de disfrutar los pequeños detalles.

Hay un dicho que reza: “El dinero es para gastarse”, y, aunque es cierto que hay que mantener cierta forma de sustento a largo plazo, no se puede negar la acertividad que posee la sencilla frase. Se pasa tanto rato caminando de un lado a otro que se olvida de disfrutar el camino. Los días de trabajo pasan entre tensiones, la convivencia familiar se vuelve monótona, porque no se habitúa a la mente a buscar pequeños detalles nuevos que resten la melancolía, como un programa común o una salida fuera de la rutina diaria. El dinero sirve como medio a la cercanía con otros, pero a su vez, olvidar porque se obtiene, es signo clave que hay que entender para lograr mayor felicidad.

Sí alguno de los signos suenan familiares, es hora de verificar que aspectos de la vida pueden estar faltando. En un momento tranquilo, quizás después que los niños duerman o tras terminar de ver el programa de media noche, se puede contestar algunas de las siguientes preguntas que le pueden ayudar: ¿Cuándo fue la última vez que besé a mi pareja? ¿Cuánto he invertido en pasar tiempo con mi familia? ¿Cuánto dinero? ¿Cuándo fue la última vez que vi algo distinto? ¿En verdad era distinto a lo que veo diariamente? ¿Soy feliz?

No hay que preocuparse sí dudaste en alguna de las preguntas anteriores. Responderlas es harto difícil cuando no se está acostumbrado a salir de la caja, algo contradictorio ¿No?, pero hay pasos sencillos de aplicar. Primero, hay que aceptar el problema. Segundo, ser franco con nosotros mismos, admitiendo las soluciones  junto a los problemas. Tercero, ser paciente. Los paseos impulsivos tardarán un poco en volverse parte de la vida, pero vendrán, seguro que sí, sólo hay que dejarlo al tiempo.

El hábito de ver cada día como uno distinto es, después de todo, un hábito que debe trabajarse y cultivarse.

El hábito de leer, una actividad para enamorase

¡Qué importante es la lectura! Sin duda alguna es una actividad que requiere ser convertida en un habito para que no se sienta como una pesada obligación estudiantil, o un ejercicio tedioso al que nos deberíamos ver obligados para estar al día con el mundo intelectual.

Las personas que a lo largo de su vida desarrollan este habito de lectura dicen con satisfacción que es una de las mejores cosas que les ha podido pasar. Son esas personas que vemos constantemente con un libro en sus manos, que leen cuando van en el bus o que justifican su lectura esperando en algún lugar, saciando así la sed que la acostumbrada actividad de leer les produce.

Tu apetito por leer dará lugar a tu nuevo hábito

La mayoría de las personas que habitan en estas ciudades llenas de televisores e información audiovisual, subestiman profundamente la lectura. Vemos ejemplos a diario cuando encontramos que muchas personas prefieren ver la película antes que leerse el libro en el cual ésta fue inspirada. Pero aun así preferimos ver la película, y nuestra mente insiste en justificar esta selección, bien sea por que es más rápido o por que leer nos da mucha pereza.

Hay que entender que la lectura es un ejercicio que a medida que se pone en práctica se hace menos tediosa y más interesante, pero ¿cómo podemos poner en práctica este músculo lector para hacerlo fuerte?. Entre las muchas técnicas y propuestas como la de leer un poco cada día, la de encontrar algo que verdaderamente te guste o la de obligarte con fuerte determinación a empezar y terminar un libro, yo te propongo algo que quizá te enamore y abra las puertas de un fuerte hábito de lectura.

Leer en pareja es sin duda una experiencia sumamente reconfortante y es una gran opción para intentar despertar el apetito por leer.

 

1.- Lo primero que deberíamos hacer es conseguir una pareja de lectura, alguien con quien queramos compartir una experiencia maravillosa.

2.- Segundo, entre ambos debemos buscar un libro de interés común: una biografía, un cuento, una historia, un relato o cualquier otro.

3.- Por último, citarse en un lugar donde puedan ubicar por lo menos treinta minutos para leerse el uno al otro en voz alta, alternando los turnos de quien lee y quien escucha.

 

Una vez que consigan realizar esta dinámica, verán como las diferentes opiniones acerca de la lectura empiezan a salir a flote, brindando espacios de debate que dan lugar a una comprensión real de lo que se está leyendo y con esto despertar el interés por la lectura. Además de fortalecer los vínculos de ambos en función de una mejor comunicación y entendimiento de manera divertida y amena.

 

Pero cuidado con querer leer a escondidas de tu pareja. Recuerda que lo que se empieza juntos se termina juntos.  Sin embargo, nadie te va a prohibir que comiences otro libro por tu propia cuenta, quizá del mismo autor o del mismo género literario. Tu apetito por leer dará lugar a tu nuevo hábito.

Los hábitos más comunes de la mujer al vestir

Al crecer siempre estuvo presente una voz materna que se encargaba de nuestro vestuario y combinaciones, por eso al alcanzar la madurez nos sentimos emocionados de poder tomar nuestras propias decisiones, comprar la ropa que más nos gusta y crear desde allí un estilo único. Así como en el mundo existen diferentes estándares de belleza, entre las mujeres reconocemos que existen hábitos parecidos al momento de vestir, por eso muchas pueden sentirse identificadas con esta lista sobre nuestras costumbres más comunes.

Vestirnos para otros

Aunque nos arreglamos para sentirnos bien con nosotras mismas, somos conscientes de que otros van a observarnos, por eso somos muy cuidadosas al escoger cada prenda y accesorio.

Escoger prendas prácticas

De nada sirve un vestuario lleno de ropa, calzado y accesorios si estos no pueden combinarse en un increíble atuendo. Las mujeres tenemos este hábito como si fuera una regla que debemos respetar al momento de comprar cualquier prenda.

Conseguir combinaciones increíbles con pocas piezas

Tarjetas de crédito o piezas de marca no son un obstáculo para lograr combinaciones únicas y atractivas. La creatividad es parte de nosotras y como administradoras naturales poseemos la capacidad  de lograr muchas combinaciones con pocas piezas.

Visitar varios locales antes de escoger una prenda

Realizar una compra es una decisión importante, por eso nos gusta conocer todas las opciones, ya que al final esperamos que nuestra inversión sea recompensada con una pieza  capaz de combinarse con otras de nuestro vestuario.

Mantener un seguimiento a las últimas tendencias de la moda

Cuando se trata de tendencias las mujeres se dividen en dos grupos: uno al cual no le importa y prefiere la individualidad de su personalidad y otro que le hace seguimiento a los colores, formas y texturas que se están usando para cada temporada y de esa forma deciden que es momento de adquirir una nueva prenda.

Apegarnos a un color o prenda favorita

La jerarquía también existe dentro de nuestros cajones. Siempre habrá una pieza o color del cual no deseamos separarnos, y si bien apegarse a una prenda no es malo, debemos darle descanso a nuestra ropa si queremos que ésta dure.

Destacar la parte de nuestro cuerpo que más nos gusta

Las mujeres seguras consigo mismas disfrutan destacando la parte de su cuerpo que más les gusta, olvidando sus complejos y haciendo que estos pasen desapercibidos para los demás. Porque una mujer con confianza luce siempre más radiante.

Escoger con mucho cuidado nuestra ropa interior

La ropa íntima es importante aunque esta no se muestre, esto nos permite sentirnos sexys y estar preparadas ante cualquier situación inesperada.

Cambiarnos varias veces antes de salir

Vanidosas o no es importante sentirnos a gusto con lo que vestimos, incluso si eso implica cambiarnos varias veces, desordenar todo nuestro closet, llegar un poco tarde o rehacer completamente nuestro maquillaje. De esa forma estaremos de buen humor durante el día.

Comprar algo que posiblemente usaremos una sola vez

Las ocasiones especiales siempre están a la vuelta de la esquina: una boda o un evento importante es parte de la vida cotidiana. Por eso, podemos darnos el lujo de elegir una prenda o calzado que tal vez usemos una o dos veces en nuestra vida; porque antes muertas que repetitivas.

No debemos olvidar que cada individuo es un ser complejo con sus propias impresiones, y que éstos no están definidos por lo que visten o por cómo se combinan la ropa. Usemos estos hábitos para reflexionar sobre nuestras costumbres al momento de arreglarnos, en especial,  porque no podemos llegar tarde cada vez que la cartera no combine con los zapatos. Es necesario que definamos nuestras prioridades y organicemos los guardarropas para ser más productivas sin sacrificar nuestro estilo.

Cuando el fútbol deja de ser un simple hobby deportivo, para convertirse en un hábito de vida

El fútbol, según diversas investigaciones, es el deporte más popular del mundo debido al impacto mediático que genera cada cuatro años la copa mundial de este deporte, que lo hace uno de los eventos deportivo más visto en el mundo (superando a los juegos olímpicos). Pero aparte de eso, las grandes competiciones y encuentros de clubes que se desarrollan constantemente llegan a paralizar al mundo.

Las superestrellas del fútbol son jugadores superlativos que hacen de un simple juego con una pelotita algo espectacular, que han logrado conformar grandes equipos y selecciones, que con sus características y tácticas propias de  juego llegar a representar la idiosincrasia de una población, país o hasta de un continente entero, haciendo que esta disciplina deportiva se convierta en un hábito de vida para muchas personas.

El fútbol no solo se ve o se juega, el fútbol se vive

Es así como los que viven del fútbol (jugadores, entrenadores, científicos y fanáticos) expresan que no se puede hablar y sentir el deporte sin considerarlo un hábito imprescindible para la existencia de ellos. Cada una de estas personas, pese a su profesión y concepción de vida, cuando representan a un club o a una selección nacional parten del hábito que “para tener un escudo en el pecho y representarlo con dignidad hay que merecerlo”; y este merecimiento solo se logra con esfuerzo, sacrificios, constancia, dedicación y orgullo por lo que se hace.

 

El contexto futbolístico te hace pensar que cada día va a ser el día de gloria que consta de noventa minutos, y es aquí donde este deporte se convierte en un hábito de vida en el que el técnico diseñara la mejor estrategia, el portero hará la parada de su vida, el defensa defenderá sus colores por encima de su madre, el medio campo tratara con más sutileza al balón que a su mujer, el delantero romperá las redes del arco, el fanático gritará con las jugadas y goles como si de eso dependiera sus signos vitales y los científicos explicaran cada fenómeno del juego como la clave para entender cada aspecto de vida.

Se empieza a creer, sin importar el rol que ocupes dentro de este fenómeno socio-deportivo (desde un simple fanático, hasta el jugador más espectacular que la historia haya conocido), que cualquier acción que hagas, que la prenda de ropa que te coloques, el tipo de comida que ingieras, la forma en la cual te vistas, la hora en que te levantes, el sitio y la forma de presenciar cada partido, cuenta en el resultado final del encuentro; es una experiencia que nos conecta con cada una de nuestras sensaciones y emociones como humanos, y que nos hace sentir vivos.

Es por estas razones expuestas, que cada vez más fanáticos en el mundo empiezan a concebir al fútbol como uno de sus hábitos de vida, en donde dejar de ver un partido o de practicar esta disciplina los hace sentir como si se les cercenara una parte de su vida, ya que para muchos el fútbol no solo se ve o se juega, el fútbol se vive. Y si no eres capaz de vivirlo jamás entenderás a los que este hábito les hace latir el corazón y fluir la sangre por todo el cuerpo.

Hábito y placer de leer

Todos tenemos algunos hábitos que se han vuelto parte indispensable de nuestra vida. Uno de esos, al menos para mí, es la lectura. Este es un hábito que debería ser cultivado por cada uno de nosotros. Cabe destacar que es importante disfrutar plenamente de esta actividad; internalizar la lectura y no leer simplemente con el fin de llenarse de información.

Sin embargo, hoy en día parece ser más importante colmarse de conocimientos, datos y fechas, que internalizar la información que se está recibiendo. Leyendo con esta finalidad, meramente informativa, nos perdemos de cosas esenciales; de experiencias valiosísimas que nos podrían llevar a comprender más el texto, y por qué no, a retener más información; de descubrir la intención del escritor; de encontrar ideas en común o en desacuerdo; de leer y releer una frase en la que encontramos un poco de nosotros mismos.

“…de leer y releer una frase en la que encontramos un poco de nosotros mismos.”

Puedo enumerar muchas razones para explicar por qué podría estar sucediendo esto; quizás el estilo de vida, el trabajo y las responsabilidades nos impiden disfrutar de unos minutos de ocio, tal vez desde pequeños nos han enseñado que un libro es algo ajeno a nosotros y solo contiene información con poca utilidad práctica, o simplemente no nos sentimos motivados en lo absoluto a disfrutar, sin apuros, de un buen libro. Sin embargo, mi intención no es buscar razones o excusas, sino más bien invitarte a que la próxima vez que leas disfrutes de la lectura y de las emociones que la misma despierta en ti, en vez de simplemente preguntarte de qué trata el texto y cómo termina. Al culminar, te darás cuenta de que es el proceso de la lectura el que realmente enriquece y no tanto la información que puedas o no obtener.

Si bien la información es muy importante, me parece que no deberíamos descuidar el hecho de que la lectura también nos enriquece en otros niveles; a nivel espiritual, cuando nos dedicamos a leer las Sagradas Escrituras, por ejemplo. También nos ayuda a entender nuestras preocupaciones visualizándolas desde otro punto de vista; a expandir nuestro vocabulario; a descubrir nuevos mundos sin irnos del nuestro, sin perder de vista la realidad; a identificarnos con otras personas, ideas y creencias.

Por eso te invito a leer un día solo por placer, porque pocas cosas son más placenteras que ese tipo de lectura en la que dejamos volar nuestra imaginación y nos dejamos llevar por la fantasía sin buscar meramente información.

Volar implica dejar el hábito de caminar

Una de las características de todo ser humano es que nos encanta tener una zona de confort. Por lo general, creamos una especie de mundo en el que nos sentimos cómodos, como dirían muchos, nos sentimos ¨Como en casa¨. Esta comodidad consiste en tener una casa estable, un mismo círculo de amigos o conocidos, una relación amorosa y un trabajo estable, que en algunos casos se vuelve nuestra vida. Nada de eso está mal. Este es el estilo de vida que solemos llevar.

Sin embargo, hay algo que nos da vuelta en nuestras cabezas, pues, a la mayoría le intriga la idea de conocer el mundo. ¿Y a quién no le gustaría visitar otro país de vez en cuando? La respuesta es simple: a todos les encantaría conocer otro país. La verdadera pregunta es ¿Quién se atrevería a dejar el país y la zona de confort al que está habituado para ir en busca de aventuras y conocimientos alrededor del mundo? En realidad, aunque todos desean viajar, muy pocos se lanzarían a esta aventura.

Nuestro planeta tierra tiene aproximadamente 194 países y nosotros, por lo general, pasamos toda nuestra vida en uno solo (en el que nacemos). ¿Por qué con tantos países la mayoría no logra conocer otro país que no sea su país natal? Esta pregunta podría tener muchas respuestas, si buscamos excusas hay una que se nos viene inmediatamente a la mente: el dinero. Nos decimos a nosotros mismos que no tenemos los recursos, que los tramites son complicados, en algunas ocasiones, nos repetimos que es peligroso. Muchas veces, buscamos amigos con quien planearlos, ahorramos y terminamos por dejarlo para el año siguiente.

No podemos seguir enjaulándonos y seguir caminando al paso de las comodidades. Es hora de volar, de ser libres

En fin, nos ponemos incontables trabas y jamás nos preguntamos ¿Por qué nunca lo llevamos a cabo? El mayor obstáculo para convertirnos en esos aventureros que tanto deseamos ser somos nosotros y nuestro habito de estar siempre en nuestra zona de confort. Nuestro mayor enemigo siempre somos nosotros acompañados, por supuesto, de excusas.

Viajar, en muchas ocasiones, suele ser complicado pero no imposible. Para los que viven en algunos países con restricciones a monedas extrajeras o en aquellos países con crisis económicas fuertes puede ser aún más complicado. Sin embargo, nada es imposible. Volar por el mundo, conocer, aprender y ser libre es algo que no todos tenemos la fuerza de hacer. Nos sentimos atados a nuestras responsabilidades, a nuestras sabrosas comidas, a nuestras familias y sobre todos a  nuestra tierra. No podemos seguir enjaulándonos y seguir caminando al paso de las comodidades. Es hora de volar, de ser libres. Para nuestros sueños no hay qué o quién nos detenga porque tenemos los recursos necesarios: querer, desearlo.

 

Siempre es difícil dejar los hábitos que realizamos día tras día, pero muchas veces, es momento de despedirlos por algún tiempo y vivir lejos de ellos. De esta manera, algún día, cuando seamos mayores podremos mirar atrás y no tener nada que nos haga desear regresar el tiempo. Los sueños están para cumplirse y no para dormirlos. Nuestro país siempre estará esperándonos con los brazos abiertos, conocer más culturas y convivir con otras costumbres abrirá nuestras mentes. Es momento de dejar el hábito de caminar en una misma tierra y volar a conocer otras, porque el mañana siempre estará muy lejos.

¿Por qué leer un libro dos veces?

Leer es el boleto de viaje más barato que te invita a un paseo exquisito de miles de millas sin llegar tan siquiera a moverte. Es jugar al papel de Dios omnipotente al saber lo que todos ignoran mientras discurren los hechos; aunque a veces puedes estar al margen, con ganas de devorar todas las páginas para comprender al fin qué pasa. La lectura es un hábito que apasiona el alma de los aventureros, de los incomprendidos, de los científicos, de los curiosos, de los amantes, de los penosos de los soñadores, de los emigrantes y muchos otros.

Cada libro tiene su tiempo. Suelo pensar que llega a mis manos con una finalidad, que es el momento de saber eso que me quiere contar y cuando me dan ganas de volver a pasearme por esas líneas me deja una verdad diferente. Logro ver claramente los cambios, siguen siendo las mismas páginas pero algo dentro ha cambiado. Leer dos veces una historia no implica sentir lo mismo en ambas ocasiones, igual pasa en la vida.

Leer dos veces una historia no implica sentir lo mismo en ambas ocasiones, igual pasa en la vida

En circunstancias activamos nuestro piloto automático, puede ser en el día a día o en alguna situación puntual en la que nos negamos a seguir luchando por defender lo que pensamos o sentimos, porque simplemente estamos artos de ser señalados. Nos volvemos esclavos de los hábitos socialmente aceptados y dejamos de escribir nuestra historia para que otro la escriba por nosotros, seguramente un analfabeta de la aventura, de la pasión de vivir, que quiere llevarte a lo mismo.    

 

Tenemos que aprender a ser buenos escritores y lectores de nuestras historias, a aceptarnos y hacernos nuestros. Si vamos a releer párrafos pasados o tachados que sea porque así lo deseamos. Para toda mala historia siempre existirá un café y un punto y aparte, el permanecer en ella solo deja dolorosos puntos suspensivos, miles de interrogantes, cientos de excusas.

 

Si tienes un mal libro que solo dejó una tinta corrida, regálalo. Déjalo en la banca de un parque, escondido en los estantes de una tienda, pósalo en un lugar donde sepas que otro vendrá a encontrarse con él y quizá, entre tantas letras poco legibles, pueda encontrar la misma historia pero con otro sentido. Regálalo para que puedas regalarte a ti la oportunidad de que otro lector venga a tu encuentro; tal vez un escritor de manos suaves escriba en verso o en prosa un poema que embellezca tus páginas listas para ser compartidas. 

Un buen escritor siempre hallará las palabras adecuadas, mientras que un buen lector hará suyas palabras de otros

Cuando decidimos volver a pasearnos por párrafos ya recorridos, debemos estar preparados. Para el que tiene mala memoria será una tarea fascinante; para el que goza de una buena, será todo un reto. En ambos casos es una experiencia que requiere entrega, como si fuese la primera vez, sino ¿qué sentido tiene?. Hay que estar preparados para encontrarnos con un par de buenas y malas frases olvidadas, quizá algunos significados antes no comprendidos y que ahora manejamos con regularidad.

Echar un vistazo a libros pasados no tiene que ser algo malo, lo malo es querer volver continuamente porque tenemos miedo de empezar otros. Negarse la oportunidad de encontrar nuevos autores o nuevos temas, tal vez de empezar a escribir, eso es lo que no debemos permitirnos.

 

Hay que tener cuidado cuando de leer y de escribir se trata, porque un buen escritor siempre hallará las palabras adecuadas, mientras que un buen lector hará suyas palabras de otros.

 

Que no sea una opción dejar que otro venga a imponernos nuestra bibliografía.