Nuestros Hábitos Ceguera

Cuando el hábito es no ver

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Estar ciego no es solo la discapacidad de uno de los sentidos, existen infinidades de formas de estar ciego. Se es ciego en el habla, en la percepción, en el caminar; se está tan habituado a la discapacidad visual que toda clase de acciones rutinarias dejan de verse y pasan a ser automatizadas: una y otra, y otra, y otra vez tomamos el mismo cepillo con la diestra y pasamos a una acción que la mano procede a realizar por sí sola; andamos con la mirada baja recorriendo la misma ruta diaria a la universidad o al trabajo; repetimos lugares y personas como si solo esas existiesen en el mundo.

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Poco a poco los hábitos que pasan al inconsciente se devoran la vida. Se comienza automatizando el lenguaje, dejando a un lado la significación para solo percibir significantes, las palabras se tornan vacías remitiendo a imágenes y no a contenido. De esta forma el entorno y lo que lo comprende pierde toda singularidad, los objetos se sintetizan, el reconocimiento es ahora un juego vital para la rutina.

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“La automatización devora los objetos, los hábitos, los muebles, la mujer y el miedo a la guerra” Shklovski.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Tan ensimismados estamos en el no mirar que las acciones se tornan mecánicas, como un proceso en ejecución perenne, en fin, un hábito. Se borra la mente tras la acción. ¿Quién no ha olvidado que hacía en plena realización de algo? o ¿descuidado que programa veía en televisión al comenzar los comerciales? Cuando el piloto automático se enciende ya no es necesario pensar, cómodamente podemos hacer mil cosas sin reparar en ello, incluso no estar muy seguros de si hacemos o no ciertas cosas, pero como el proceso mecánico ha comenzado el cuidado que se pone a las cosas es indiferente.

 

Paso a paso los pies se adecuan a la marcha, inicia una transformación en máquina que va ocultando la conciencia de vida. Se va desarrollando cada palabra, mirada, caminata, tarea, de manera inconsciente, tras los movimientos rutinarios se va anulando la existencia, desaparece por nuestra intensa ceguera al solo reconocer las cosas. Así, sin más, la identidad se mezcla con nuestro entorno, la singularidad y la autenticidad de las cosas y del ser mismo van quedando como partes de una imagen que se recuerda con poca nitidez. Tras las mismas frases, la misma música, la misma ruta y los días iguales, los matices del ser se pierden.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Un comentario sobre “Cuando el hábito es no ver”

  1. NIRVANA: excelente, breve y muy explícito, tocas uno de los fundamentales problemas de nuestra civilización. La automatización del ser humano como forma sutil de evitar su accionar consciente. La TV por ejemplo invasora permanente de los hogares, nos da noticias del mundo entero, pero nos da tantas y a tal velocidad de imágenes que nos impide pensar en las implicaciones de las mismas, de tal forma que estamos habituados a las masacres por guerras, por catástrofes o simplemente por el hampa en nuestro país. La idea es que no tengamos tiempo como tenían los griegos para discurrir acerca de cada acontecimiento de la vida diaria, somos autómatas al servicio de la gran máquina del trabajo sin pensar. Excelente artículo. Felicitaciones.

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