Nuestros Hábitos Curiosidad

El hábito de la curiosidad

Nos sorprendemos y hasta desconfiamos de los curiosos: médicos que conocen de literatura; literatos que entienden de astrofísica; ingenieros que saben de música. Nos ocurre igual cuando leemos las biografías de ciertos personajes de la historia, pensemos en Leonardo da Vinci que como pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista, es el modelo paradigmático de esta nuestra estirpe de curiosos. ¿Cómo pueden comprender disciplinas en apariencia tan disímiles? ¿Cuáles son sus hábitos?

Al imaginar la vida de estas personas podríamos caer en el lugar común de pensar que son unos come-libros, que no tienen vida social y que no hacen algo distinto a enfocarse en sus distintos proyectos. ¿De dónde sacan el tiempo y la fuerza? ¿Cómo pueden cambiar del hemisferio derecho al izquierdo con tanta rapidez? ¡Además de tener habilidades físicas o mecánicas, también poseen una ubicación espacial y manos dibujantes!

Los curiosos de la actualidad navegan sobre cuanta disciplina o arte les interese, con la intención de satisfacer su curiosidad

¿Cómo pueden realizar tantas ocupaciones y desarrollar tantos intereses? ¡Es imposible que lo hagan todo bien! A los simples mortales, que adoramos esta especie de semidioses, nos produce ansiedad no poder desarrollar nuestros intereses –que también son variados– de la misma manera. Conceptos como especialización y éxito, nos hacen dudar del sentido de nuestros intereses. Fuerzas que consideramos mayores, como el tiempo o la necesidad, nos aplastan la curiosidad y nos obligan a transitar el camino de los uniformados: ¿Para qué te va a servir eso? Solemos escuchar.

 

Creo que la clave está en no enfocarse en un proyecto único, no perseguir la especialización. Si bien no podemos saber cómo hizo Leonardo –de hecho, hay teorías que especulan sobre eso–, podemos observar a nuestros curiosos contemporáneos y tratar de sondear su comportamiento: no tienen cronogramas de actividades, no se pasan un switch en el cerebro y no tienen la preocupación de hacerlo todo bien según los estándares sociales. Estas personas tienen el hábito de la curiosidad. Navegan sobre cuanta disciplina o arte les interese, no con la intención de dominarla enteramente, sino de satisfacer, más no agotar, su curiosidad. Y, por supuesto, si la navegación no satisface la curiosidad, habrá que sumergirse y explorar el fondo.

La intuición es el asta que sostiene la vela mayor del barco que es la curiosidad

Cuando buscamos el término “polimatía” en Wikipedia sale una foto de Leonardo al lado de la explicación: “individuo que conoce, comprende o sabe de muchos campos”. Lo relacionan con la sabiduría y con una manera particular de ver el mundo. Creo que no se trata de un saber acumulativo: no es que yo puedo manejar más disciplinas o artes que otros; sino que tengo la intuición de que, entre la programación de una aplicación y la composición de una pieza de piano, hay una correspondencia secreta o que la fuerza que mantiene a los astros en su órbita es la misma que impulsa el comienzo de una novela.

 

La intuición es el asta que sostiene la vela mayor del barco que es la curiosidad, ella es la columna vertebral de nuestro impulso. Tomar este rumbo es posible y creo que cuanto más perdidos nos sentimos es cuando más hay que confiar en la intuición y en la curiosidad. No hace falta la fuerza de un semidiós para poder emprender este viaje. El secreto lo llevamos dentro, solo hay que recordar cómo veíamos el mundo cuando éramos niños.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.