Nuestros Hábitos Meditación

El hábito de la meditación

Para todo aquel que vive en una de nuestras modernas urbes, de esas que amanecen a las cinco de la mañana y se acuestan pasadas las doce, cuyo ritmo de vida empuja con premura las agujas del reloj y cada compromiso lucha por imponerse sobre el anterior, es indispensable buscar un espacio de quietud.

Cada mañana, el transeúnte goza del intercambio de olores y sudores en el transporte público por la falta de espacio. Al que va en carro, se le presentaran oportunidades de catarsis al intercambiar mensajes de bienaventuranza y buena voluntad entre conductores cada vez que intenten cruzar de canal.

La meditación busca aumentar la calma, la atención y la concentración en aquel que la práctica

Gran parte de la gente simplemente termina acomodándose a este estilo de vida hasta que sobreviene alguna enfermedad cardíaca, o hasta que la histeria colectiva los engulle. Sin embargo, hay un grupo de gente que considera intolerable dejar que sus días se balanceen entre una amargura y otra.

 

Desde hace algunos años, he vuelto mi hábito diario, mi medicina no-farmacológica, el sentarme entre treinta minutos y una hora diaria a meditar durante la mañana. Seguramente ya estarán cansados de todo el parloteo Nueva Era con el que nuestra sociedad mediática nos bombardea diariamente y que ha transformado en una mera moda lo que es realmente sabiduría ancestral de los pobladores más antiguos de la tierra. Y como dice el dicho, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

 

Esta práctica milenaria ha trascendido los embates del tiempo y ha logrado llegar a nuestros días mediante distintas escuelas, pudiéndose nombrar al hinduismo, budismo, jainismo, entre otras muchas corrientes agrupables bajo la tradición védica, como los principales guardianes de este conocimiento que otorga tanto bienestar al cuerpo y al espíritu.

Más allá de las especificidades propias de cada corriente, la práctica de la meditación busca la serenidad del ánimo, la quietud de la mente y la vivencia de la realidad tal y como es, sin juzgarla desde los prejuicios y condicionamientos. Para así acceder a la verdad última del ser (la cual, todavía desconozco). Esto es lo que se ha convenido en llamar nirvana, samadhi, iluminación, entre otros nombres.

¿Demasiado místico para ti? De acuerdo. A fines prácticos/occidentales, la meditación busca aumentar la calma, la atención y la concentración en aquel que la práctica, logrando un aumento de la serenidad y la agilidad mental, como también de la memoria, en la medida en que se tiene una práctica continua. Podría simbolizarse mediante la imagen de un barrendero en el cerebro del practicante, que laboriosamente se encarga de remover los escombros y quitar las telarañas de la mente paro evitar obstáculos en su efectivo desempeño.

 

Meditar ha sido de esas cosas que han cambiado mi vida. Me han hecho mucho más diligente y disciplinado, a la vez que memorioso. Cuando salgo a la calle, todo ha ganado mayor nitidez; los árboles han reverdecido, los rostros parecen más amables. Se siente una mayor empatía con los demás y comunión con todo lo existente. Sin embargo, el avance es progresivo. Razón por la cual, de escoger recorrer esta senda hacia el bienestar, es necesario transformarla en un hábito diario y tomarla con seriedad, cuidando que no se vuelva un ejercicio mecánico para así mantener la presencia en la indagación interior y el contento del ánimo.

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