Nuestros Hábitos Subestimarse

El hábito de subestimarse

En tiempos no tan claros en la vida de las personas, lo primero en convertirse en un caos son los sentimientos y emociones. Es en los momentos difíciles donde más cuestionamos nuestras acciones, la capacidad de sobrellevar una situación y, en el peor de los casos, la vida misma.

Es en este punto de descontrol donde la naturaleza humana juega una carta infalible que algunas veces no se ve venir y se vuelve un hábito, el subestimarse a sí mismo. Cuando situaciones difíciles y obscuras se atraviesan en el camino, la acción lógica a tomar es enfrentar cada circunstancia que se oponga. Sin embargo, aunque lógica, es la acción menos recurrente en las personas en dichas situaciones.

¿Por qué sucede ésto?, es complejo y vago decir que dos o más razones son las causantes de tomar la acción menos conveniente, debido al gran reto que representa estudiar la mente. Bien puede ser el caso de una persona que enfrenta una perdida, donde la razón no actúa en todo el proceso que conlleva tal situación y el sentimiento de tristeza e inferioridad es abrumador.

 

Otro ejemplo puede ser el de un hombre casado que, a pesar de sus esfuerzos, no ha logrado cumplir las exigencias de su empleo, por lo que debe responder ante su empleador y su esposa. En este punto, ese hombre no considera ni un poco el optimismo que puede generar el tener confianza en sí mismo, sino que se centra en pensamientos pesimistas y fatalistas los cuales son habituales con el tiempo.

Tú eres la primera persona que más te importa, también la segunda y claro que la tercera

¿Existe, entonces, una fórmula absoluta para no sentirse inferior a los demás en las situaciones menos favorables?, sí y no. En palabras la solución es sencilla de explicar, con pocos pasos a seguir, pero depende de cada persona la determinación de su aplicación. Todas las palabras que se puedan escribir del tema serán vacías si no se tiene claro el objetivo de superarse a sí mismo.

Lo que me lleva al primer punto, que es tener presente que nadie, absolutamente nadie, es mejor que tú y tú no eres mejor que nadie. Esto quiere decir, que el hecho de que no seas bueno en alguna actividad no quiere decir, automáticamente, que no sirves para nada; significa solo eso, no eres bueno en algo pero eres bueno en mil otras cosas más.

 

Tener una competencia siempre es una buena manera de retarte. Competir con un colega, familiar o amigo en alguna actividad, pero no para probar que eres mejor que alguno, sino para probarte a ti mismo cuál es tu límite.

 

Las calamidades siempre están a la vuelta de la esquina, al punto de ser algo cotidiano. Así que la mejor manera de afrontar todo obstáculo es con la clara determinación de que lo superarás, no importa cuánto te cueste, siempre y cuando sepas que no hay nada que no puedas lograr, si así lo crees. No dudes de ti, si no crees en ti mismo nadie más lo hará, tú eres la primera persona que más te importa, también la segunda y claro que la tercera.

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