El hábito de vivir la vida a toda prisa

El hábito de vivir la vida a toda prisa

“El tiempo no me alcanza”, “tengo que hacer tantas cosas que no sé por dónde comenzar” o “debo salir ya, voy tarde”, son algunas de las frases más dichas por las personas de este siglo. ¿Cuántas personas andan corriendo, yendo y viniendo de un lado a otro sin saber a dónde van y para qué han ido? Se cree actualmente que la prisa es sinónimo de eficacia, sin tan siquiera detenerse un segundo a pensar en si la prisa era necesaria, o si el resultado hubiera sido el mismo. A fin de cuentas, nadie es mejor persona o profesional porque vaya con mayor rapidez de un sitio a otro.

Sin embargo, es importante destacar que cuando hablamos de velocidad no sólo hablamos del hecho de caminar o pensar más rápido, sino también de estar o sentirse internamente acelerado.

La velocidad es sinónimo de la mala gestión del tiempo

La forma de contestar o de realizar una acción de manera inmediata, como si no hubiera mañana, es un hábito muy común hoy en día. Podemos poner de ejemplo una escena muy frecuente: una persona que vive en una gran ciudad y que se consigue con un conocido, al cual saluda mientras, a su vez, va caminando de prisa y hablando por teléfono, y sin darle oportunidad alguna a la otra persona para que responda el saludo, se despide.

Éste mal hábito se encuentra entrelazado con un falso mito. Ver que una persona va de prisa da la sensación o aire de prestigio porque está ocupado. Esta acción se interpreta como si la persona fuera un gran profesional, siendo la verdad que la velocidad es sinónimo de la mala gestión del tiempo y considerando este hecho, una persona no dejaría sus asuntos importantes en las manos de alguien que no tiene tan siquiera dos minutos para ser cordial con quienes conforman su entorno.

El hábito de vivir a toda prisa se ha convertido en un estilo de vida, tanto así que muchas personas no tienen idea de qué hacer con su tiempo libre, lo cual les produce malestar e incluso la sensación de que están perdiendo el tiempo. Esta sensación se puede erradicar cuando se realizan actividades que se disfrutan.

Los segundos o minutos que gana corriendo no compensan todo lo que pierde en calidad de vida

Para lograr erradicar este hábito, se deben priorizar las cosas importantes, esto dependerá de la escala de valores personal de cada individuo, por ejemplo, para algunos lo primordial es el trabajo y para otros, los amigos o los hijos. Por otro lado, si nuestro problema es el tiempo, podemos poner limites en los horarios para cada actividad, lo mas importante es saber decir que no, poniendo por encima nuestros deseos.

Tenga siempre presente que muy pocas personas serán capaces de apreciar las horas que han invertido en los quehaceres que le han impedido dedicarse tiempo a sí mismos. Así como también es importante recordar que los segundos o minutos que gana corriendo, no compensan todo lo que pierde en calidad de vida. A veces, es importante dejar que la vida fluya y la contemplemos tal y como es, sin cuestionar qué haremos a continuación.