Temor al envejecimiento

El temor al envejecimiento es un hábito en mujeres adultas

[vc_row][vc_column][vc_column_text]El ser humano desde que nace está en un constante proceso evolutivo, el cual ha sido estudiado por infinidades de especialistas, como por ejemplo Jean Piaget, quien se centró en el desarrollo del pensamiento y cómo éste evolucionaba del pensamiento concreto al abstracto; o Freud, quien estudió las etapas del desarrollo de impulso vital.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”2/3″][vc_column_text]El ser humano nace para experimentar cada fase de la vida e ir generando experiencias propias desde su nacimiento hasta la hora de partir. No obstante, a medida que avanza el tiempo y la adultez comienza a ser la etapa actual de nuestras vidas, los síntomas de envejecimiento comienzan a aparecer en un abrir y cerrar de ojos, y la ansiedad que produce conducirnos a la siguiente fase de nuestra vida nos hace buscar alternativas para que el envejecimiento no nos afecte.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][prkwp_spacer size=”10″][vc_column_text]

La vejez debe ser vista como un milagro más de la vida

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Esta búsqueda interminable del “elixir de la juventud” se remonta a los años 3000 A.C cuando Gilgamesh se obsesionó con la inmortalidad humana. Incluso dicha búsqueda aparece plasmada en la leyenda griega de Titón, donde se habla de las consecuencias inevitables de la vejez y la imposibilidad de los seres humanos al querer cambiarla.

 

Esa incesable búsqueda por permanecer jóvenes continúa aún en éste siglo, aunque mayormente son las mujeres quienes poseen el hábito de temer a envejecer. Este temor se debe a que la vejez es considerada sinónimo de soledad, dependencia e infelicidad, considerando así la juventud como la máxima felicidad que una mujer pueda poseer.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]¿Cómo ha de ser la felicidad de toda mujer adulta? Si el sentido de la vida es crecer y madurar, desde que nacemos, los retos y los obstáculos nos conducen a ello. Incluso llegamos a pensar que la vida se trata sólo de felicidad y relajación, observando al estrés como un enemigo o un obstáculo, e incluso como un factor que tiene como consecuencia envejecer más rápido, sin caer en cuenta que es éste un motor de vida. Sólo cuando somos arrojados a los brazos del estrés somos capaces de crecer y madurar como personas.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El hábito del temor al envejecimiento tiene como consecuencia que las mujeres adultas oculten o disminuyan su edad debido a que presentarse ante la sociedad “envejecidos” es correr el riesgo de ser mal visto. A pesar de ese pensamiento, decir nuestros años y honrar nuestra edad es un milagro, porque crecer no es un tema sencillo y la vejez debe ser vista como un milagro más de la vida.

 

Cada etapa de la vida posee experiencias únicas, incluyendo la vejez, por lo que debemos siempre recordar que el tiempo es nuestro aliado y que gracias a él nuestra identidad se va consolidando a medida que avanza. Por lo que no me queda más que hacer un llamado a visualizar la vejez como la fase que nos permite disfrutar relaciones y experiencias que anteriormente no eran posibles por las responsabilidades laborales y familiares, y no, como el paso anterior a la muerte.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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