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Todos tenemos algunos hábitos que se han vuelto parte indispensable de nuestra vida. Uno de esos, al menos para mí, es la lectura. Este es un hábito que debería ser cultivado por cada uno de nosotros. Cabe destacar que es importante disfrutar plenamente de esta actividad; internalizar la lectura y no leer simplemente con el fin de llenarse de información.

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Sin embargo, hoy en día parece ser más importante colmarse de conocimientos, datos y fechas, que internalizar la información que se está recibiendo. Leyendo con esta finalidad, meramente informativa, nos perdemos de cosas esenciales; de experiencias valiosísimas que nos podrían llevar a comprender más el texto, y por qué no, a retener más información; de descubrir la intención del escritor; de encontrar ideas en común o en desacuerdo; de leer y releer una frase en la que encontramos un poco de nosotros mismos.

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“…de leer y releer una frase en la que encontramos un poco de nosotros mismos.”

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Puedo enumerar muchas razones para explicar por qué podría estar sucediendo esto; quizás el estilo de vida, el trabajo y las responsabilidades nos impiden disfrutar de unos minutos de ocio, tal vez desde pequeños nos han enseñado que un libro es algo ajeno a nosotros y solo contiene información con poca utilidad práctica, o simplemente no nos sentimos motivados en lo absoluto a disfrutar, sin apuros, de un buen libro. Sin embargo, mi intención no es buscar razones o excusas, sino más bien invitarte a que la próxima vez que leas disfrutes de la lectura y de las emociones que la misma despierta en ti, en vez de simplemente preguntarte de qué trata el texto y cómo termina. Al culminar, te darás cuenta de que es el proceso de la lectura el que realmente enriquece y no tanto la información que puedas o no obtener.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Si bien la información es muy importante, me parece que no deberíamos descuidar el hecho de que la lectura también nos enriquece en otros niveles; a nivel espiritual, cuando nos dedicamos a leer las Sagradas Escrituras, por ejemplo. También nos ayuda a entender nuestras preocupaciones visualizándolas desde otro punto de vista; a expandir nuestro vocabulario; a descubrir nuevos mundos sin irnos del nuestro, sin perder de vista la realidad; a identificarnos con otras personas, ideas y creencias.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Por eso te invito a leer un día solo por placer, porque pocas cosas son más placenteras que ese tipo de lectura en la que dejamos volar nuestra imaginación y nos dejamos llevar por la fantasía sin buscar meramente información.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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