Nuestros Hábitos Urbanismo

Hábitos forzosos del urbanismo

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Cuando pensamos en hábitos, de inmediato solemos circunscribirlo a los comportamientos o actividades que realizamos con frecuencia y que dada su reproducción continua, hemos convertido en costumbres. Diariamente, vamos cultivando de a poco una diversidad de acciones que varían en cada ser y que pueden estar, en algunos casos, al margen de lo convencional; en este sentido, ¿qué pasa cuando todos esos hábitos que se tejen en nuestro día a día son producto de elementos externos, ajenos a nuestros gustos y pareceres? Por tal motivo, me he propuesto denotar uno de estos factores que altera nuestra conducta, creándonos rutinas que de no ser por tal, no actuaríamos de la manera en que la hacemos: urbanismo.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Al hablar de urbanismo generalmente aludimos a la vertiente arquitectónica, en su mayoría a impresionantes construcciones: grandes edificios modernos,  inmensos complejos residenciales lujosos, etc. No obstante, el término urbanismo abarca mucho más que unas cuantas edificaciones estilizadas, pues ésta supone la organización de determinado espacio geográfico, previa planificación sistematizada para el logro de los fines de desarrollo de una sociedad civilizada.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Tal y como indican algunos autores, el urbanismo es “el arte de la planificación urbana”, dado a que lleva consigo una diversidad de procesos en torno al entendimiento de la vida humana para hilarla con la tendencia urbanística.

 

En estos días, ¿quién no ha sido víctima de una errada organización urbanística? La mala distribución del espacio geográfico de nuestras ciudades, el incumplimiento de la normativa rectora de esta materia y una paupérrima ejecución de políticas urbanas que aminore estas situaciones de fallas, o peor aún, la ausencia de la misma;  no sólo inciden directamente en fenómenos sociales como la delincuencia y la pobreza, sino que también, en menor grado, influyen en nuestro comportamiento diario. Bajo este supuesto, imaginemos lo siguiente:

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][prkwp_spacer size=”20″][vc_column_text]

La previa planificación sistematizada de la organización de un determinado espacio geográfico es necesaria para el logro de los fines de desarrollo de una sociedad civilizada.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Un joven trabajador vive al oeste de la ciudad en una zona popular y trabaja en el centro de la misma.  (1)Madrugar. A diario debe levantarse a las 4:30 am para calentar el agua (con una olla en la cocina) que usará en su aseo personal ya que en el lugar donde vive carecen de suministro de agua a menudo. Luego de los actos matutinos universales, (2) se ejercita; sube aproximadamente 100 escalones del callejón en el que reside para alcanzar la vía central del sector; allí procede a tomar el bus que lo conduce a la vía municipal  principal, para lo cual seguramente debe caminar un par de cuadras.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Una vez alcanzado este sitio y mientras continúa a su trabajo, (3) hace yoga. El joven tiene la opción de tomar el metro u otro bus que lo traslade hasta su lugar de trabajo, y sea cual fuere su elección, debe poner en práctica rutinas de respiración, tolerancia y paciencia, tomando en cuenta el terrible tráfico y la oleada de gente (potencialmente violenta) que inundan el subterráneo, los cuales no sólo generan incomodidad y fatiga, sino que presionan al acontecido joven bajo el temor de llegar retrasado su empleo.

 

Conforme a este breve ejemplo, probablemente (4) malhumorarse  cada mañana sea también una de las rutinas, dado el gran nivel de estrés e incluso cansancio a consecuencia de una vía tan compleja a su trabajo.

Cada uno de nosotros puede convertirse en un cúmulo de hábitos que las condiciones de nuestras ciudades nos han sobrevenido

Bajo tales circunstancias, resulta sencillo observar que cada uno de nosotros puede convertirse en un cúmulo de hábitos que las condiciones de nuestras ciudades nos han sobrevenido. Sin caer en contrastes de considerarlos buenos o malos, dichas actitudes surgen de la nada y obligatoriamente debemos adherirnos a ellas, puesto que, caso contrario, no podríamos hacer lo que a cada momento y todos los días realizamos. Así, puede que algunos consideren que tales hábitos a los que se hacen referencia no son tal cosa, y que esto no es más que una crítica retorcida y resentida de un individuo quejumbroso; pero agotados de los ejercicios y el coctel de vicisitudes diarias, muchos otros, desde nuestro callejón, pensamos que no.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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