El hábito de los buenos modales

Y cuando se trata de ser educado se puede decir que es un hábito que se ha dejado de practicar en estos días. Ser educado no es cuando solo se habla de una preparación académica netamente, sino de esos buenos modales que hay que tener siempre presente en el día a día. Como por ejemplo; dar los buenos días en el transporte público, dar las gracias cuando una persona nos hace un favor desinteresado hacia nosotros –y cuando es por un interés de por medio, también- Desearle salud a alguien cuando estornuda. Estos son los simples buenos modales que cada persona debería tener pero ha perdido con el tiempo.

Como todo hábito, tiene que ser reforzado en el transcurso del tiempo para que se vuelva parte de nuestras vidas. Pero este hábito tiene una singularidad importantísima, que no es mas, que debe salir de cada uno de nosotros. Claro es un hábito que nos enseñan desde pequeños en nuestras casas, lo aprendemos en el ámbito familiar. Pero si este aprendizaje no queda calado dentro de nosotros con suficiente fuerza, no influirá en nosotros al ser mayores.

Muchas personas pensaran que esta pasado de moda ser una persona educada con buenos modales, pero creo que no es así, al contrario eso dice mucho de una persona al presentarse o al llegar a un sitio de trabajo, por ejemplo.

“…esta pasado de moda ser una persona educada con buenos modales…”

Ser educado y tener cortesía aplica para muchos ámbitos diferentes. Cuando se está en una conversación, no interrumpir cuando otra persona está hablando y esperar que termine para comentar algo. No utilizar el celular cuando hablas con una persona y siempre mírala a la cara. Cuando se está en la mesa, no hablar con la boca llena, esperar que todos estén sentados para comenzar a comer.

Si estas caminando en la calle y sin querer tropiezas a una persona discúlpate con ella, si estas en el metro sentado y ves a una persona mayor o una mujer embarazada cédele el asiento. Sostener la puerta a una persona que entra a un lugar al mismo tiempo que tu lo haces. Ser puntual a la hora que se pauto una cita o una reunión. Decir por favor cuando quieres algo y dar las gracias cuando lo recibes.

Para poder desenvolverse en la vida y poder tener respeto y tolerancia por los demás es necesario poder incluir los buenos modales a nuestras rutinas diarias. Muchas veces conocemos a personas artificiales, es decir, que son muy bien vestidos y arreglados pero no tienen mucho que ofrecer a la hora de tratar bien a la otra persona con la cual se presentan.

No nos debería de dar pena ser educados con las demás personas, siempre hay que tratar a los demás como quisieran que ellos nos trataran a nosotros. Este es un hábito de cortesía que debería de practicarse y enseñarse con esfuerzo en la sociedad, ya que eso deja mucho que decir de cada uno de nosotros, y de dónde venimos, quienes nos han educado de esa manera. Se podría decir que es uno de los valores más importantes en la educación de una sociedad, que debe trabajarse en conjunto.

Cuando una persona ve que yo soy educado esa persona por iniciativa lo empezará a hacer.

La cena familiar, un hábito que no podemos perder

En el milenio pasado era común que las familias se reunieran alrededor de la mesa para compartir la comida. Ese momento, a pesar de que estaba marcado por un trabajo arduo por parte de las mujeres de la familia, representaba unión y armonía familiar, porque los miembros de ésta compartían y se compenetraban en esta situación que de alguna u otra manera era un hábito, una actividad cotidiana de la vida.

En la actualidad, la evolución tecnológica y social del hombre ha moldeado la cultura al punto tal que la vida de cada miembro de una familia se ha convertido en un universo que no da cabida a momentos ocasionales, en los que el compartir familiar sea el eje primordial. Han nacido otras actividades que han excluido ese compartir en el cual se cuentan anécdotas, preocupaciones, ideas, disparates y entre muchas otras cosas que caracterizan a esa familia en particular, momentos en los cuales las diferencias entre los miembros se ven reducidas por ese calor y acercamiento humano que muy pocas actividades pueden despertar.

Cada vez es más común que las familias coman en frente de un televisor, pegados a un teléfono, o cada quien por su lado. La atención se dirige a entes externos, el interés por el otro se va hacia alguien de afuera. La individualización ha llegado a tal punto que los miembros de una familia que conviven en una misma casa, se limitan a hacer lo suyo y aquellas labores del hogar que le corresponden nada más.

La actuación desinteresada y altruista se ve permeada por el interés individual

Es innegable que la sociedad actual demanda un esfuerzo y dedicación de tiempo para otras actividades, por lo que los sujetos se ven llenos de responsabilidades (laborales, académicas, personales, familiares) que los exceden en energía física y mental. Se puede observar un nuevo modelo “social-familiar,” que presenta un punto de quiebre en el cual se limita la responsabilidad familiar a realizar su labor hogareña; un punto en donde la convivencia y relación con otro miembro de la familia se ve matizada por la necesidad y el interés de obtener algo a cambio. La actuación desinteresada y altruista se ve permeada por el interés individual, por lo que se cae en un punto de relacionarse con el otro en la medida de que éste me ayuda a alcanzar una meta u objetivo.

Ciertamente el momento de la comida no es la única actividad en donde puede darse una verdadera integración familiar, pero es uno de los hábitos más cotidianos que ejerce el hombre por necesidad biológica, y es por ello que se convierte importante que este hábito se retome.

 

La familia, como primera escuela, como primer contacto, como primer acercamiento con el mundo, representa una de las instituciones más importantes, por lo que debe dársele la importancia que amerita.  No son solo personas que estarán contigo por mucho tiempo, sino que también son los que por obligación natural estarán ahí cuando necesites de ayuda y apoyo, comparte y aprende de las personas que conforman tú familia.

Así que anda, prepara una cena familiar con velas y vasos de vidrios, y hazles saber cuan importantes y valiosos son para ti. ¡Buen apetito!

Nuestros hábitos nos definen como latinoamericanos

Como latinoamericanos estamos acostumbrados a que nuestra identidad sea un poco complicada de explicar. Muchas veces cuando nos preguntan ¿Qué quiere decir ser latinoamericano? O ¿Qué te define como latinoamericano? Nos quedamos sin palabras. Especialmente, cuando se trata de facciones físicas nos enfrentamos a una gran variedad. No compartimos el mismo color de piel, ni de ojos y mucho menos tenemos un prototipo físico que nos defina. Sin embargo, además de compartir el mismo idioma, territorio y la misma historia, compartimos algo más que nos define y nos une, nuestros hábitos.

Entre los hábitos latinoamericanos más comunes tenemos: el consumismo de productos norteamericanos, la práctica de la religión católica, ver televisión y la poca resistencia que mostramos ante las redes sociales. Los hábitos de los latinos conforman un territorio muy extenso. Pero, hay algo que nos hace realmente especiales. Y es que en cuanto a la cordialidad, amabilidad, respeto y sobre todo cuando se trata de ser solidario, somos los primeros en todo el continente Americano. Los latinoamericanos nos caracterizamos por siempre tender una mano amiga a quien nos necesita. Somos conocidos por la sensación de calidez que producimos.

Los latinoamericanos nos caracterizamos por siempre tender una mano amiga a quien nos necesita

Además, los latinos nos caracterizamos por nuestros hábitos rutinarios que consisten, mayormente, en trabajar o estudiar, en algunas ocasiones, ambas. Estamos marcados como los luchadores que día a día salen a la calle con un deseo constante de superación. Hemos convertido nuestras ganas de salir adelante en un hábito que practicamos día tras día.  Esto, quizás, se deba a la historia que compartimos. La colonización nos dejó marcados por la violencia y derramamiento de sangre, pero, nos volvió hermanos. No solo practicamos este hábito de superación diaria a nivel individual, también como países latinoamericanos buscamos la manera de salir adelante.

Latinoamérica es el mañana de un gran porvenir

A pesar de que, Argentina, Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El salvador y los otros 17 países que conforman a Latinoamérica son países en desarrollo, compartimos un hábito que nos hace especiales y fuertes ante los demás países del mundo. Y es que salir a la calle día a día, luchar por nuestros derechos, educación, y calidad de vida, se ha vuelto un hábito que nos define como latinoamericanos. Quizás, no seamos parte de los países desarrollados, pero, lo que nos define no es como nos clasifican los demás, sino lo que hacemos para demostrar lo contrario. Una vez más el hábito de cómo vivimos se convierte en lo que somos, y nosotros somos el mañana de un gran porvenir.