Ser feliz es cuestión de actitud

La mayoría de las personas nos pasamos la vida buscando la felicidad, pero pocas veces creemos alcanzarla. Es que, el ser humano por definición nunca se sentirá satisfecho. Para algunos, la felicidad es como un control remoto: la perdemos a cada rato, nos volvemos locos buscándola y muchas veces sin saberlo, estamos sentados encima de ella… ¿Entonces, qué es felicidad? La Real Academia Española define felicidad como la suerte de ser feliz, la satisfacción, el gusto… como el estado de ánimo que complace la posesión de un bien. Aun así, para mí, felicidad es cuestión de actitud.

Afortunadamente, existen algunos pequeños hábitos que te ayudarán a sentirte más feliz, motivado y exitoso a lo largo de tu vida:

Practica alguna actividad física: Cuando realizamos ejercicio liberamos endorfinas, las cuales nos ayudan a liberar el estrés y ser más optimistas. Sin duda, los deportes son una excelente clave para tener una buena calidad de vida.

Desayuna: Algunas personas se saltan el desayuno por falta de tiempo o para evitar engordar. Lo cierto es que realizar la primera comida del día te da las energías necesarias para empezar la mañana con buen pie, pues te ayuda a pensar y desempeñar exitosamente tus actividades.

Agradece a la vida todo lo que tienes: Cada uno de nosotros es afortunado en un montón de cosas que muchas veces no apreciamos. Puedes escribir en un papel 10 cosas que tienes en tu vida que te dan felicidad, y releer la lista cuando sientes que nada está bien. ¡Enfócate en las cosas buenas!

Sé asertivo: Pide lo que quieras y di lo que piensas. Ser asertivo ayuda a mejorar tu autoestima y comprensión del mundo.

Gasta tu dinero en experiencias: Aunque a veces creamos que comprar un montón de cosas nos hace sentir mejor, el efecto es a corto plazo. Si inviertes tu dinero en viajes, cursos y clases tendrás nuevas experiencias que te mantendrán feliz por mucho más tiempo.

Pega recuerdos bonitos, frases y fotos por todos lados: Llena tu nevera, tu escritorio, tu cuarto, TU VIDA de recuerdos bonitos y mantenlos siempre presentes.

Usa zapatos que te queden cómodos: Si te molesta el calzado y te duelen los pies, tu mal humor irá aumentando progresivamente a lo largo del día. Usa zapatos cómodos y evita el mal rato.

Escucha música: Está comprobado que escuchar música despierta deseos de cantar y bailar, y estos deseos te van a alegrar la vida.

Arréglate y siéntete atractivo: ¡Ponte guapo/a! El sentirte bien contigo mismo y la percepción que tienen los demás de ti te hará sentirte más feliz.

¿El sólo tener un día más para vivirlo no es suficiente felicidad?, ¿por qué no empiezas a ser feliz ahora? La verdad, es que la mayoría de las situaciones que nos rodean nos darán felicidad si nos proponemos a aceptarlas y disfrutarlas cuando llegan. La felicidad está en nuestra mente más que en nuestro corazón. Hay que vivir la vida tal como viene porque siempre habrá algo que la haga mejor y auténtica. Recuerda que después de la tormenta siempre llega la calma.

Si la Real Academia Española define la felicidad como un sentimiento, para nosotros felicidad es el hábito de enfrentar la vida con actitud positiva y una buena sonrisa.

El hábito de recordar los sueños

El día tiene 24 horas de las cuales se recomienda tomar un mínimo de 8 horas para dormir y poder descansar apropiadamente, debido a eso pasamos un poco menos de la mitad de nuestras vidas durmiendo.

Pero esto no significa que el dormir es tiempo perdido, pues además de recuperar las energías que gastamos y de cumplir en este estado una cantidad importante de procesos metabólicos para el buen funcionamiento del organismo, los científicos han demostrado mediante experimentos que: “En el período REM, la respiración se hace más rápida, irregular y superficial, los ojos se agitan rápidamente y los músculos de los miembros se paralizan temporalmente. También, el ritmo cardíaco aumenta, la presión arterial sube, los hombres experimentan erecciones y el cuerpo pierde algo de la habilidad para regular su temperatura”. Y adivina que, es en este periodo donde se tienen las experiencias oníricas o los sueños.

Esto quiere decir que el cerebro esta simulando, sonidos, imágenes y sensaciones de una manera tan precisa que pareciera que es la vida real,  pero sucede que al despertar son pocas las mañanas en las que podemos recordar lo que paso. Con suerte los recuerdos son vagos, extraños y acompañados de una sensación de olvido la cual generalmente nos resignamos a remediar y así comenzamos el día: ignorando todo lo que allí pasó por que no estamos habituados a recordar nuestros sueños, que son nuestra ventana personal al mundo interior.

Todas las noches producimos nuevos sueños, pero son pocas las veces que los recordamos

Muchas personas suelen creer que no sueñan o que sueñan muy poco y la verdad es que todas las noches producimos nuevos sueños, pero son pocas las veces que los recordamos y por eso nos interesa cultivar este hábito de recordar los sueños.

Habituarnos justo al despertar a dar unos minutos para recapitular únicamente las experiencias oníricas, dejando a un lado todas las preocupaciones que nos hacen olvidar nuestros sueños, como por ejemplo pensar en que vamos a desayunar o como nos vamos a vestir, nos ayudará a recrear en nuestra memoria las experiencias. Este hábito hace que progresivamente podamos recordar con más detalles, más profundidad e intensidad nuestras aventuras, allí donde podemos volar, hablar con seres mitológicos, sentir que viajamos en el tiempo e incluso, en algunos casos, obtener respuestas a nuestras inquietudes o premoniciones del próximo número de la lotería.

Existen también técnicas para antes de acostarse a dormir y se trata de poder programar la mente a tu voluntad, la idea general de esta técnica es ordenarle a la mente que vamos a recordar. Cuando estés a punto de dormir debes comenzar una cuenta regresiva del numero treinta al cero, en forma lenta para relajar la mente y estimularla para soñar.

Al despertar algunos personas no solo se conforman con el habito de recordar tranquilamente lo que paso, sino que se dan el tiempo para escribirlo en una pequeña libreta que se encuentra estratégicamente al pie de la cama o en la mesita de noche, pudiendo guardar el recuerdo durante mucho más tiempo.

Mucho éxito y felices sueños.

El temor al envejecimiento es un hábito en mujeres adultas

El ser humano desde que nace está en un constante proceso evolutivo, el cual ha sido estudiado por infinidades de especialistas, como por ejemplo Jean Piaget, quien se centró en el desarrollo del pensamiento y cómo éste evolucionaba del pensamiento concreto al abstracto; o Freud, quien estudió las etapas del desarrollo de impulso vital.

El ser humano nace para experimentar cada fase de la vida e ir generando experiencias propias desde su nacimiento hasta la hora de partir. No obstante, a medida que avanza el tiempo y la adultez comienza a ser la etapa actual de nuestras vidas, los síntomas de envejecimiento comienzan a aparecer en un abrir y cerrar de ojos, y la ansiedad que produce conducirnos a la siguiente fase de nuestra vida nos hace buscar alternativas para que el envejecimiento no nos afecte.

La vejez debe ser vista como un milagro más de la vida

Esta búsqueda interminable del “elixir de la juventud” se remonta a los años 3000 A.C cuando Gilgamesh se obsesionó con la inmortalidad humana. Incluso dicha búsqueda aparece plasmada en la leyenda griega de Titón, donde se habla de las consecuencias inevitables de la vejez y la imposibilidad de los seres humanos al querer cambiarla.

 

Esa incesable búsqueda por permanecer jóvenes continúa aún en éste siglo, aunque mayormente son las mujeres quienes poseen el hábito de temer a envejecer. Este temor se debe a que la vejez es considerada sinónimo de soledad, dependencia e infelicidad, considerando así la juventud como la máxima felicidad que una mujer pueda poseer.

¿Cómo ha de ser la felicidad de toda mujer adulta? Si el sentido de la vida es crecer y madurar, desde que nacemos, los retos y los obstáculos nos conducen a ello. Incluso llegamos a pensar que la vida se trata sólo de felicidad y relajación, observando al estrés como un enemigo o un obstáculo, e incluso como un factor que tiene como consecuencia envejecer más rápido, sin caer en cuenta que es éste un motor de vida. Sólo cuando somos arrojados a los brazos del estrés somos capaces de crecer y madurar como personas.

El hábito del temor al envejecimiento tiene como consecuencia que las mujeres adultas oculten o disminuyan su edad debido a que presentarse ante la sociedad “envejecidos” es correr el riesgo de ser mal visto. A pesar de ese pensamiento, decir nuestros años y honrar nuestra edad es un milagro, porque crecer no es un tema sencillo y la vejez debe ser vista como un milagro más de la vida.

 

Cada etapa de la vida posee experiencias únicas, incluyendo la vejez, por lo que debemos siempre recordar que el tiempo es nuestro aliado y que gracias a él nuestra identidad se va consolidando a medida que avanza. Por lo que no me queda más que hacer un llamado a visualizar la vejez como la fase que nos permite disfrutar relaciones y experiencias que anteriormente no eran posibles por las responsabilidades laborales y familiares, y no, como el paso anterior a la muerte.

Hacer de la cortesía un hábito

“Lo cortés no quita lo valiente”, frase muy célebre de la gente mayor, es decir, por aquellas que tienen experiencia. Y es porque con los años es cuando se llega a entender su significado; por lo tanto, al considerarlas en una etapa temprana de la vida, se comprendería, que la cortesía es un comportamiento humano fundamental que ayudará a abrir muchas puertas, como las de la voluntad, la generosidad y el planteamiento de muy buenas ofertas u oportunidades tanto en el campo laboral, como en la familia y la sociedad.

A nadie le gusta hacer cola, esperar, ser gritado, ofendido o ignorado. Todas estas acciones al recibirlas en algún momento dado pueden generar pérdida de la paciencia y hacer que las personas respondan mal o actúen de la forma menos correcta; Allí es, entonces, donde se pueden generar actos de cortesía, y con éstos implicar valores de tolerancia, respeto, humildad e incluso de inteligencia.

¿Inteligencia? Sí, el ser cortés es ir un paso más adelante que la otra persona; y eso es ser inteligente, recordando que lo cortés no lo hace menos que los demás, al contrario, lo resalta, lo enaltece, lo deja como toda una dama o un caballero. Cortesía es sinónimo de educación.

 

Se pueden describir un sinfín de situaciones cotidianas en las que la cortesía te ha de cambiar un día, un momento, aportar algún aprendizaje o dejarte buenas experiencias. Pero tan solo dos casos son suficientes para comprender el de “Hacer de la cortesía un hábito”:

La cortesía en el bus

Un conductor de un bus está diariamente en contacto con una gran variedad de personas, lamentablemente muchas de ellas pasan por malos días y éstas al abordar el vehículo no son corteses sino más bien groseros. Es por ello, que el conductor se contagia y repite esas malas conductas pero con sus otros pasajeros (pagan justos por pecadores). Pero si usted llega, con un aire diferente, radiante de alegría diciendo “¡Buen día!”, “¡Cóbrese señor, por favor!”, “¡Muchas gracias!”, “¡Que tenga un feliz día!”; puede asegurar que usted, con su buen hábito de la cortesía, habrá dejado una actitud positiva al menos a ese conductor, y que cuando éste se encuentre con otros pasajeros que hayan tenido un mal rato, habrá aprendido que siendo cortés se gana más y podrá fomentar la misma lección de cortesía que le ha aportado usted con otras personas, y éstas a su vez con otras, un “efecto mariposa”.

La cortesía en atención al cliente

Una recepcionista ha atendido diariamente a un gran número de personas, está cansada, está de mal humor y le responde mal a mucha gente, pero llega usted y con cortesía le dice: “Buen día señorita, ¿me podría ayudar con…?”, “Disculpe la molestia”, y la termina con “¿Se siente usted bien?, ¿le duele la cabeza?, ¿necesita una pastilla?”; no cabe duda que la recepcionista le dirá de muy buen modo lo solicitado.

 

En fin, lo importante es que en este mundo tan poblado, que crece y crece más, se haga de la cortesía un hábito y no una ausencia; para que se estimulen buenas acciones, porque la cortesía siempre traerá cosas buenas y jamás aportará algo negativo a una vida. Por lo tanto, recuerde usted que: “Lo cortés no quita lo valiente”.

El hábito de vivir apurado

¿Cuántas veces te has sorprendido pensando: “ya quiero que se termine esto”? Y con “esto” te refieres nada más y nada menos que al proceso por el que tienes que pasar para conseguir un objetivo. Es que para nadie es un secreto que hoy en día se ha vuelto un hábito vivir acelerado, tratando de hacer la mayor cantidad de actividades en la menor cantidad de tiempo posible. Justamente por eso parecemos olvidar que son los procesos los que realmente enriquecen; que cada una de las situaciones que vivimos en el camino son las que nos moldean y nos capacitan para llegar a nuestra meta.

Generalmente preferimos conseguir todo fácil, sin muchos obstáculos. Este hábito de buscar siempre la facilidad y la inmediatez quizás sí pueda ayudarnos a conseguir las cosas más rápido después de todo, pero nos perdemos de lo más importante: la experiencia. Existen varias razones para tomar la decisión de vivir con calma en vez de vivir apresurados, pero me gustaría destacar tres de ellas.

Le añade valor a tus logros

Como mencioné anteriormente, buscar la inmediatez puede ayudarnos a conseguir lo que deseemos rápidamente. Sin embargo, puede pasar que al obtener lo que queríamos nos demos cuenta de que no lo valoramos realmente, no nos deja satisfechos. Lo que sucede es que lo que te hace valorar las cosas verdaderamente es todo lo que tuviste que pasar para conseguirlas. Cada experiencia, dificultad o situación le añade valor a tus logros. Además, puede que obtengas muchas anécdotas divertidas que contar al momento de compartir tu experiencia con alguien más.

Te ayuda a vivir el momento

El hábito de vivir apurados además de impedirnos valorar las cosas como deberíamos, también nos impide vivir con plenitud el momento presente. Si no nos percatamos de esta situación pasaremos cada día pensando en el mañana sin disfrutar del presente, que por cierto, es un regalo. Vale la pena disfrutar de este regalo que nos ha dado Dios y detenernos por un momento a observar nuestro alrededor.

 

La única manera que tenemos de agradecer este presente es disfrutarlo, simplemente vivirlo. El día de hoy es la única oportunidad que tienes para vivir con plenitud, disfrutando cada momento con la calma que esto amerita. Por eso toma la decisión de vivir el momento y no dejes tu vida en piloto automático, te lo vas a agradecer.

Es una manera de respetarte a ti mismo/a y a los demás

Todos necesitamos atención, incluso tú necesitas prestarte atención de vez en cuando; tomarte un tiempo para identificar tus emociones; escuchar tus propios pensamientos; preguntarte cómo te sientes en una situación determinada, etc. Asimismo, las personas que te rodean merecen tu atención: que las escuches si necesitan hablar o que les brindes un consejo en algún momento determinado. Sin embargo, es imposible brindar este tipo de atención si tienes el hábito de vivir de prisa, pues nunca tendrás la oportunidad de detenerte y prestarle atención a algo o a alguien realmente.

Por estas razones y muchas otras más, realmente vale la pena sustituir el hábito de vivir de prisa por el de vivir con calma, disfrutando y valorando cada momento y cada detalle plenamente. La vida es una aventura que no vale la pena perderse por andar apurados.

Practicar Yoga: hábito de bienestar para el cuerpo y la mente

Toda práctica espiritual está indisolublemente ligada a un conocimiento iniciático. La verdadera aprehensión de lo sagrado no se encuentra expuesta en su desnudez a la intemperie. La sabiduría profunda del espíritu, por lo general, se encuentra velada para los ojos que solo atienden a lo aparente y deciden permanecer en la superficie de su vida. Quizás teman ahogarse de sumergirse mucho.

Creo que gran parte del milagro de haber nacido humano, y ligado a esto, el hecho de poseer una mente consciente de su posibilidad pensante, radica en la oportunidad de poder indagar sobre nuestra propia vida. La pregunta por la razón de vivir o la búsqueda de la realización de la propia y verdadera naturaleza, ha sido una ancestral inquietud humana.

El hábito del yoga ofrece la oportunidad de experimentar las posibilidades de cuerpo y mente

Sin embargo, nuestra sociedad occidental nos ha inculcado la necesidad de vivir en el afuera y hemos heredado del cristianismo medieval la concepción de la introspección como algo sacrílego y herético. Y aunque la visión que se tiene de esto en los corrientes días no es tan ortodoxa, seguimos flotando en la superficie sin querer conocer el océano. Nuestro propio océano.

 

La práctica del Yoga se ha convertido en uno de mis hábitos para profundizar en esta experiencia humana. Mediante esta danza se busca develar lo verdadero de lo aparente; de lo manifiesto en el plano de lo sensible como ilusión, para así experimentar la naturaleza inmutable del ser. Los hindúes lo llaman ātman, el testigo. Y digo danza refiriéndome al yoga físico o Hatha Yoga, una entre variadas ramas de Yoga, las cuales, a pesar de recorrer sendas distintas, buscan todas conducir a este mismo objetivo.

En el Hatha Yoga se emplea el cuerpo físico como un vehículo, como un medio a través del cual la divinidad se manifiesta. Sin embargo, en el camino de su popularización, la práctica se ha trivializado. Esto ha resultado en que uno de los síntomas del Yoga como es el desarrollo de condiciones físicas óptimas, se ha tomado como la causa y razón de su ejercicio, desplazando a un segundo plano la espiritualidad.

Como se ha escuchado decir en múltiples oportunidades, Yoga significa Unión. ¿Pero unión con qué? Precisamente se trata de encontrar ese espacio interior de comunión fraterna con la divinidad, de la cual se es parte. El Hatha Yoga hace énfasis en realizar una conexión durante la práctica con el sentir, debido a que es precisamente mediante las sensaciones que podemos acceder a la experimentación de la realidad del momento, no mediante la mente. Al conectarse con las sensaciones, el practicante se funde en el ahora, haciendo énfasis en la atención y en la concentración para vaciar la mente de contenido y dejarse llevar por el rito. Esto no significa que el Yoga desplace la reflexión. El Jnaña Yoga, por ejemplo, hace especial hincapié en el discernimiento.

Practique Yoga investigándose a sí mismo, no para fortalecer su ego sino para disolverlo.

Digo que este hábito se ha convertido en mi danza porque en ella todos los movimientos están orquestados de tal manera que se rinde un culto atávico a la Trimurti, la divinidad personificada en Brahma, Vishnú y  Shiva, esto es, la creación, la conservación y la destrucción del universo. En el fluir de cada asana  o postura se evidencia que lo que importa no es la meta sino también el recorrido. Se honra a Brahma cuando se comienza a formar el asana, a Vishnú cuando se le mantiene y a Shiva cuando se pasa al siguiente.

 

El hábito del yoga ofrece la oportunidad de experimentar las posibilidades de cuerpo y mente. Mediante la indagación en cada postura, se observa cómo se van flexibilizando ambos en una actividad que da bienestar tanto físico como espiritual. Practique Yoga investigándose a sí mismo, no para fortalecer su ego sino para disolverlo.

Perder el miedo nos permite adquirir buenos hábitos

A lo largo de nuestra vida enfrentaremos nuevas situaciones e individuos que serán necesarios para nuestro desarrollo, ya que cada etapa y proceso en nuestras vidas implican nuevos conocimientos que nos ayudan a lograr las metas que nos hemos planteado. Ante estos escenarios existen quiénes tienen la capacidad para adaptarse rápidamente, gracias a su confianza y seguridad, y aquellos a quienes les toman mas tiempo la adaptación producto del miedo que los domina y la poca flexibilidad que poseen ante los cambios.

Si bien la confianza es importante, esta no está reservada para un grupo selecto de individuos, se puede construir a través de diferentes acciones, mediante el reconocimiento de nuestras propias aptitudes. Es necesario darnos cuenta que existen experiencias que afectan nuestra forma de pensar y nos convierten en personas introvertidas y desconfiadas que en el fondo aún sienten ganas de conocer el mundo y experimentar lo que éste puede ofrecernos. Para lograr adquirir confianza y abrirnos camino a nuevas experiencias debemos apoyarnos en la creación de buenos hábitos.

Para lograr adquirir confianza y abrirnos camino a nuevas experiencias debemos apoyarnos en la creación de buenos hábitos

Al principio podemos pensar que crear un hábito es molesto, especialmente cuando nuestro único hábito sea el de cepillarnos los dientes. Sin embargo, hay acciones en nuestra vida diaria que son hábitos y tal vez no nos damos cuenta de ello, como el escuchar música todos los días. Lo importante, es que un comportamiento programado puede convertirse en parte de nuestra vida diaria y, al mismo, tiempo ser beneficioso para nosotros.

 

El miedo es una emoción que logra vencernos incluso antes de intentarlo, nos desvía de nuestras metas. Si analizamos varias situaciones de nuestra vida podremos localizar momentos en los que el miedo nos venció y abandonamos una actividad que queríamos hacer. Ahora, antes de comenzar un proyecto, es necesario vencer el hábito de la negatividad. Por eso es recomendable repetir las siguientes cuatro frases cuando el miedo te paralice y no te deje razonar:

– Los cambios son necesarios

 

– Cada experiencia nueva es un aprendizaje

 

– No sabré el resultado si no lo intento

 

– Si no me esfuerzo nunca lo obtendré los resultados que deseo

Mientras las estés repitiendo, respira lentamente y ten en cuenta que la confianza no se logra de la noche a la mañana. Somos seres racionales y por eso estas frases te ayudarán a comprender en momentos de crisis que ese temor es injustificado y tóxico. Si adquirimos el hábito de repetir estas frases en momentos de estrés y calmarnos, podremos ser capaces de experimentar cualquier etapa de la vida, disfrutarla y adquirir confianza en el proceso.