Hábitos hirientes

Muchos creen que los hábitos se encuentran distantes de la esfera de los malos actos, como si no estuviesen al alcance de aquellos que cubren con miles de ellos sus actitudes cada día. A veces creemos, sin que estemos en lo cierto, tener buenos gestos (incluso piadosos) con ciertas personas sólo porque en algún momento recordamos llamarle en su día especial, o le obsequiamos un pequeño detalle. Pero y ¿qué pasa con las habituales desatenciones, apatías e indolencias?, que aun siendo por torpeza, se tornan hirientes, traspasando fronteras sensibles de quienes nos importan.

El abandono, desidia o descuido es uno de estos malos hábitos. Frecuentemente se desatiende a quienes apreciamos tras sobreestimar otras cuestiones (festejos, labores, etc.) que finalmente resultan vacías o de relativo valor, lo cual genera en el otro, ineludiblemente, la sensación de ser víctima de un cariño aparente, hipócrita.

Al descuidar, olvidar y mentir, corremos el alto riesgo de fragmentar la confianza de quienes nos importan

Otro indiscutible mal hábito (directamente relacionado con el anterior), es olvidar aquello que es importante para ese ser único. En general, la clave no es recordar las ocasiones especiales, sino procurar no olvidar un acontecimiento relevante. ¿Cuántas veces obviamos preguntar qué tal estuvo ese hecho tan esperado?, o ¿cómo se sintió aquel nostálgico día de tristes recuerdos?. Por tonto que parezca, pasar por alto fechas y sucesos significativos para nuestras personas predilectas, acentúa el desinterés como un acto ofensivo.

 

El más reiterado y el que considero más destructor de estos perjudiciales hábitos es mentir. Lo hiriente de la mentira no sólo es el engaño mismo, sino la ofensa moral que trae fundida en su esencia. Las premeditadas artimañas, los grotescos descaros, las desvergonzadas defensas una vez que se han descubierto; todo de la mentira es devastador.

Cuando le mentimos a nuestros seres queridos, corremos el alto riesgo de fragmentar su confianza, en lo que para algunos, como quien les escribe, se forja irrecuperable. Pero lo peor de la mentira es que resulta innecesaria; entonces, ¿por qué acudir a ella?, ¿por qué lastimar con la falsedad de lo que decimos y/o hacemos?, si bien pudimos entendernos con la verdad, virtuosa e impoluta, y llegar a un consenso, o al menos a una ecuánime conclusión.

Existen conductas que suelen confundirse con la mentira en el contexto al que aludimos. Ser tolerante o comprensivo con ciertas actitudes, aunque se esté en desacuerdo con tales, no es mentir, sino es una herramienta (de la vida) para hacer las relaciones personales más llevaderas. Por ejemplo, cuando mi madre opina bondadosamente sobre determinado objeto o acción con lo cual difiero y me limito a corresponderla con asentimiento, o plantea una idea con la que no acuerdo y no emito más que un gesto de anuencia; no estoy engañándole sobre lo que considero correcto o verídico, tan sólo soy tolerante con su punto de vista, permitiéndome tener una mayor afinidad con ella.

 

Así, cuando hablamos de mentira referimos a esa manifestación dolosa de evadir lo verdadero, de ocultar o alterar lo real, de lo que no es auténtico sino tortuoso, disimulado.

 

Son muchos los hábitos con los que lastimamos a estas personas que situamos dentro del cerco de nuestro corazón. Cuando observemos las grietas que permitimos surgir, al despertar de nuestra ceguera ensimismada sólo restará cambiar los abandonos por sorpresas fabricantes de sonrisas; los descuidos por flores, cenas y frases románticas; y las mentiras por conmovidos besos. Siendo así, ¡vaya mundo tendríamos!

El mal hábito de usar el celular afecta la comunicación

Hoy en día necesitar de un artefacto electrónico, es lo mismo que depender de él; tal es el caso del llamado “teléfono inteligente”, que se ha vuelto para las personas un accesorio indispensable y habitual tanto para la comunicación con sus semejantes, como para sus tareas y  actividades diarias.

Si bien es cierto que el lularlular es una necesidad, hay mucho material por ahí disperso sobre sus beneficios y aportes, en esta la “Era de los Pulgares”, todo funciona a través de Internet y con sólo deslizar un pulgar podemos sumergirnos en un mundo virtual, en la que casi cualquier tarea se puede hacer desde un celular; pero  también sería importante hablar de los malos hábitos que ha generado en la vida de las personas que lo usan. El uso excesivo del celular ha creado malos hábitos en el ser humano; es paradójico, pero en términos de comunicación nos ha acercado a quienes están lejos y nos ha alejado de quienes están cerca.

El uso excesivo del celular ha creado malos hábitos en el ser humano

Es triste, pero hemos llegado al punto de enviarnos mensajes de texto aun estando en la misma casa, o lo que es peor dentro del mismo cuarto; ya las personas no te miran a la cara cuando te hablan, su mirada está fija en su teléfono celular mientras simula escucharte, simplemente emite sonidos o mejor dicho “mugidos” para responderte, lo que es lo mismo a no prestar atención; han convertido, como diría Ismael Cala en “El poder de escuchar”, en algo superficial y subjetivo. El Teléfono Celular y la comunicación ya no compaginan tanto como hace unas décadas atrás.

El hombre ha hecho uso indiscriminado de la comunicación a través del celular y lo ha transformado en algo muy peligroso, tanto para él como para el resto del mundo; hoy un teléfono inteligente sería lo mismo que hablar de un computador portátil, las redes sociales las tenemos ahí, en la palma de la mano, solo con deslizar los dedos podemos decir lo que queramos, publicar lo que deseemos o simplemente ver lo que necesitamos; las personas se esconden detrás de su celular para simplemente criticar o insultar a los demás cuando no están de acuerdo con su opinión.

La sociedad nos ha impuesto que si algo es común y lo hace la mayoría, es aceptable

Es preocupante ver como niños y adolescentes hacen uso sin supervisión de su teléfono celular, sin saber lo peligroso que podría ser para ellos; sería necesario recordar el famoso caso de Amanda Todd, la adolescente canadiense víctima de ciberacoso que se suicidó en el año 2012.

Los adolescentes y los mismos adultos, envían fotos y videos desnudos, sin siquiera pensar en las consecuencias; publican en redes sociales fotos algo explicitas, sin pensar la cantidad de personas que podrían ver y aprovechar esa foto para uso personal. La mayoría de las personas utilizan el celular y las redes sociales, pero sin orientación alguna sobre cómo hacerlo, pero se debe tener más cuidado con la seguridad de la información que hacemos pública sobre los lugares que se frecuentan o inclusive presumir del dinero que se tiene, puesto que hoy la delincuencia usa esas mismas armas o “herramientas” para perpetrar secuestros. Incluso los “teléfonos inteligentes” pueden guardar y publicar la ubicación de donde nos encontramos, gracias a la incorporación de GPS, por lo que debemos tener cuidado con la configuración que coloquemos.

 

El problema no es el artefacto en sí, sino el mal hábito y mal uso que hace el hombre del celular. La sociedad nos ha impuesto que si algo es común y lo hace la mayoría, es aceptable. El Celular puede ser un Arma o una Herramienta, tú decides lo que quieres que sea.

 

Razón tenía Albert Einstein, al decir: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas.”