El hábito de disfrutar cada día 

El vivir en el siglo XXI es sinónimo de días apresurados, encuentros sin mucha profundización en las conversaciones e intereses ajenos. Es olvidar que el trabajo se hace para tener una mejor calidad de vida, y que las familias que luchan por mantenerse también necesitan el aprecio y el cariño de la persona que los alimenta. Es sorprendente la cantidad de tiempo que se invierte en los hábitos de trabajo productivo, los hábitos para ejercitarse de forma continua, en contraparte al poco que se gasta en señalar y cultivar otro hábito muy importante: el hábito de disfrutar los pequeños detalles.

Hay un dicho que reza: “El dinero es para gastarse”, y, aunque es cierto que hay que mantener cierta forma de sustento a largo plazo, no se puede negar la acertividad que posee la sencilla frase. Se pasa tanto rato caminando de un lado a otro que se olvida de disfrutar el camino. Los días de trabajo pasan entre tensiones, la convivencia familiar se vuelve monótona, porque no se habitúa a la mente a buscar pequeños detalles nuevos que resten la melancolía, como un programa común o una salida fuera de la rutina diaria. El dinero sirve como medio a la cercanía con otros, pero a su vez, olvidar porque se obtiene, es signo clave que hay que entender para lograr mayor felicidad.

Sí alguno de los signos suenan familiares, es hora de verificar que aspectos de la vida pueden estar faltando. En un momento tranquilo, quizás después que los niños duerman o tras terminar de ver el programa de media noche, se puede contestar algunas de las siguientes preguntas que le pueden ayudar: ¿Cuándo fue la última vez que besé a mi pareja? ¿Cuánto he invertido en pasar tiempo con mi familia? ¿Cuánto dinero? ¿Cuándo fue la última vez que vi algo distinto? ¿En verdad era distinto a lo que veo diariamente? ¿Soy feliz?

No hay que preocuparse sí dudaste en alguna de las preguntas anteriores. Responderlas es harto difícil cuando no se está acostumbrado a salir de la caja, algo contradictorio ¿No?, pero hay pasos sencillos de aplicar. Primero, hay que aceptar el problema. Segundo, ser franco con nosotros mismos, admitiendo las soluciones  junto a los problemas. Tercero, ser paciente. Los paseos impulsivos tardarán un poco en volverse parte de la vida, pero vendrán, seguro que sí, sólo hay que dejarlo al tiempo.

El hábito de ver cada día como uno distinto es, después de todo, un hábito que debe trabajarse y cultivarse.

Hábitos para mejorar la experiencia en las redes sociales

El hábito de utilizar las redes sociales se ha convertido, poco a poco, en una necesidad. A lo largo del día revisamos una y otra vez nuestros perfiles e interacciones en las diferentes redes sociales que frecuentamos. Algunas de las más utilizadas suelen ser WhatsApp, Facebook, Twitter, Instagram y Snapchat.

Es un hábito maravilloso, pero requiere de algunas reglas básicas para que no generen malos entendidos. Por ejemplo, las dos reglas de oro señalan que es importante no relegar el contacto personal y no hacer nada de lo que no se estaría orgulloso en el mundo no virtual. Pero existen otras reglas que nos permiten comunicarnos mejor:

No escriba con faltas de ortografía

Las redes son gratuitas, no necesitamos acortar las palabras ni eliminar las letras. Cuando se escribe con errores gramaticales se pierde credibilidad. Tampoco es necesario corregir a otros, nadie tiene la potestad de ridiculizar a aquellos que se han expresado mal intencionadamente o sin darse cuenta.

Ser prudentes con todo lo que expresamos

Sobre todo con las fotografías que compartimos con los demás. Lo que ahora nos puede parecer gracioso, dentro de un tiempo puede que no. Además, todo lo que se cuelga en la red puede ser guardado por otros, y aunque lo eliminemos, puede ser utilizado en nuestra contra por otros usuarios cuando lo deseen. También es importante no publicar nada sin permiso de aquellos que aparecen mencionados en comentarios o fotografías. Forma parte del respeto a su intimidad.

Pensar las cosas dos veces antes de escribir y contestar, ser pacientes

Si un comentario nos parece ofensivo, es recomendable no contestar de forma inmediata. Espere un rato, redacte, relea, mida las consecuencias de lo que va a decir y piense cómo puede afectar a los otros usuarios. Lo mejor es que en lugar de entender un comentario como un ataque personal, intente verlo como una aportación distinta a su opinión.

Otra forma de llevar las redes sociales de la mejor manera posible, es preguntarnos cómo queremos ser vistos.

Las redes sociales, sobre todo para los adolescentes, se han convertido en un potenciador de la falsa seguridad, confianza y autoestima. Con tal de ganar seguidores y me gusta, venden su cuerpo al diablo, pero aunque parezca que sí, todo no vale. Muchas personas pierden el pudor y la vergüenza cuando se expresan a través de las redes sociales, ya que estas le presentan una imagen impersonal y quizás un poco anónima, pero no es necesario cruzar límites. De lo contrario, se pueden convertir en un juego peligroso.

Sea sincero pero a la vez proteja su intimidad

Nunca sabes realmente quién está del otro lado de la pantalla, por lo tanto es recomendable no revelar datos íntimos ni privados. Tampoco tiene por qué mentir, solo evite.

Sea empático, amable y positivo

Si va a hacer un comentario público piense en los demás, en la persona que recibe su comentario y como lo puede afectar. Recuerde que las redes sociales son un lugar público, expuesto a su familia, compañeros de trabajo y todo tipo de personas.

Las redes sociales tienen que estar a nuestro servicio para disfrutarlas y aprovecharlas positivamente, pero nunca para esclavizarnos ni hacernos sentir mal, mucho menos para hacer sufrir a los demás. Úselas del mismo modo que emplea su comunicación presencial.