Los hábitos de un buen periodista

Para los periodistas, la verdad se convierte en ese objetivo que buscamos develar para que la sociedad a la que nos debemos conozca todo lo que ocurre a su alrededor y las personas puedan formar su propia opinión sobre cierto asunto de interés público. Por tal motivo, el periodismo es un oficio no sólo muy importante para la sociedad, sino también muy exigente, que no merece ser practicado por quienes no están dispuestos a respetar la ética profesional.

El periodista es un contralor social. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de sacar a la luz pública todas aquellas informaciones que tengan significación para la opinión pública, sin embargo, esta condición de contralor no significa que quien ejerza el periodismo tiene la potestad de asumir una posición ante los hechos que está relatando; hábito que algunos ponen en práctica sin tomar en cuenta que la subjetividad que nos caracteriza como seres humanos debe quedar de lado al momento de construir ese producto periodístico con el que se dará a conocer una situación de importancia para el público.

En esa búsqueda de la verdad, el buen periodista pone en práctica una serie de hábitos que, bien utilizados, lo llevarán a lograr el objetivo de una forma ética y responsable en la que su nombre seguramente quedará muy bien parado.

Para ser periodista hay que ser buena persona ante todo
Ryszard Kapuscinski

Entre esos buenos hábitos se encuentra la corroboración de la información a través de múltiples fuentes. Si al periodista le llega una información reveladora que puede significar el éxito de su reportaje, aunque ésta le sea dada con la condición de confidencialidad, es deber del periodista corroborar dicha información a través de otros medios como cifras, otros testimonios, entes públicos, etc. Lo importante es no dejarse llevar por la emoción de la primicia y confirmar que esa información que se dará es cierta, ya que si no lo es se podrían generar consecuencias negativas para todas las personas afectadas por esa afirmación.

Otro hábito que todo buen periodista debe poner en práctica es la tolerancia. Si bien es cierto que todos tenemos opiniones e ideales diferentes, el periodista como servidor público tiene que procurar que todas las partes involucradas en un hecho puedan expresarse. Si no se está de acuerdo con las políticas implantadas por algún gobierno, esto no significa que al momento de dar una información referente a éste, el periodista solo busque la versión de quienes, como él, no apoyan a ese gobierno. Actitudes como éstas solo generan desconfianza y división entre los miembros de la sociedad.

Ryszard Kapuscinski, famoso periodista quien a lo largo de su carrera cubrió conflictos armados en diferentes partes del mundo, decía que “para ser periodista hay que ser buena persona ante todo”. Ambas son aptitudes con las que no se nacen y las cuales son difíciles de adquirir, sin embargo, como todo hábito, solo hace falta querer hacer algo bueno por nuestros pueblos para que comencemos a ser personas de bien que hacen su trabajo correctamente sin dejarse llevar por las mieles del reconocimiento público. Eso es lo que hace a un buen periodista.

El hábito de escuchar las opiniones de otros

“Todo es relativo”. Seguro que has escuchado esa frase por lo menos una vez en tu vida. Y es que no es lo mismo ver una ciudad desde adentro que contemplarla desde lo alto de una montaña, pues según las experiencias de cada quien, las opiniones varían.

Si nos tomáramos la molestia de ponernos en el lugar de otros, ¡que fáciles serían las cosas! Las peleas dejarían de existir y todos podríamos convivir sanamente sin la necesidad de desacreditar a los demás porque sus pensamientos sean diferentes a los nuestros.

Guerras por religión, por política y por dinero; de eso está lleno el mundo. Miles de personas sufren a diario las consecuencias de discusiones infructuosas entre líderes y grupos que solo desean imponerse ante otros. ¿Por qué permitimos esto? Y peor que eso, ¿por qué contribuimos con el ambiente hostil que se genera al no aceptar las opiniones de los demás?

Todos somos únicos, incluso nuestros pensamientos lo son, y eso es lo que hace al mundo un lugar lleno de diversidad.

Quizás algunos lo hagan inconscientemente y confundan el debate de ideas con el hecho de menospreciar a quienes piensan de forma diferente. Pero en el debate de ideas un grupo comparte opiniones diversas con la intención de encontrar un punto en común y así construir conocimiento, mientras que cuando tenemos como hábito el criticar a otro porque su pensamiento dista del nuestro, estamos siendo intransigentes.

Todos somos únicos, incluso nuestros pensamientos lo son, y eso es lo que hace al mundo un lugar lleno de diversidad. Sin embargo, aun cuando tenemos conocimiento de que cada persona es única e irrepetible, muchas no saben manejar sus relaciones con quienes tienen ideologías distintas y por eso pueden llegar a distanciarse con amistades, parejas y hasta familiares.

En estos casos es importante tener en cuenta que así como cierta comida no nos gusta, también existirán opiniones con las que no estamos de acuerdo en absoluto. Reconocer esto es el primer paso que debemos dar para adquirir el hábito de la tolerancia.

Reconocer que no estaremos de acuerdo con todo lo que escuchemos es el primer paso que debemos dar para adquirir el hábito de la tolerancia.

Una vez que aceptemos nuestra condición de seres humanos imperfectos, lo que sigue es poner nuestra tolerancia en práctica y tratar de escuchar sin prejuicios a las personas con las que no congeniamos. Intenta participar en grupos como la sociedad de padres del colegio de tus hijos, o la junta de condominio de tu edifico, y verás que tendrás que poner en práctica tu capacidad de escuchar a otros y buscar soluciones que no beneficien solo a un pequeño grupo.

Otro hábito saludable para tus relaciones con el resto del mundo es no esperar a que otro cambie su actitud simplemente porque a ti no te gusta. Intenta acercarte a esa persona e intenta hablar con ella sobre eso que te molesta. Hazlo con buenas intenciones. Recuerda que eres tú quien tiene problemas con su forma de actuar y si llegas a decírselo de mala gana, probablemente esa persona siga portándose igual para molestarte.

Asimismo, no te limites a comentarle solo las cosas que te molestan de él o ella, también háblale sobre cómo te afecta eso en tu vida diaria y recuérdale que tú también eres humano. Si pones en práctica estos simples pasos, pronto te habituarás a escuchar a otros sin molestarte porque piensen o actúen diferente a ti.

Hacer de la cortesía un hábito

“Lo cortés no quita lo valiente”, frase muy célebre de la gente mayor, es decir, por aquellas que tienen experiencia. Y es porque con los años es cuando se llega a entender su significado; por lo tanto, al considerarlas en una etapa temprana de la vida, se comprendería, que la cortesía es un comportamiento humano fundamental que ayudará a abrir muchas puertas, como las de la voluntad, la generosidad y el planteamiento de muy buenas ofertas u oportunidades tanto en el campo laboral, como en la familia y la sociedad.

A nadie le gusta hacer cola, esperar, ser gritado, ofendido o ignorado. Todas estas acciones al recibirlas en algún momento dado pueden generar pérdida de la paciencia y hacer que las personas respondan mal o actúen de la forma menos correcta; Allí es, entonces, donde se pueden generar actos de cortesía, y con éstos implicar valores de tolerancia, respeto, humildad e incluso de inteligencia.

¿Inteligencia? Sí, el ser cortés es ir un paso más adelante que la otra persona; y eso es ser inteligente, recordando que lo cortés no lo hace menos que los demás, al contrario, lo resalta, lo enaltece, lo deja como toda una dama o un caballero. Cortesía es sinónimo de educación.

 

Se pueden describir un sinfín de situaciones cotidianas en las que la cortesía te ha de cambiar un día, un momento, aportar algún aprendizaje o dejarte buenas experiencias. Pero tan solo dos casos son suficientes para comprender el de “Hacer de la cortesía un hábito”:

La cortesía en el bus

Un conductor de un bus está diariamente en contacto con una gran variedad de personas, lamentablemente muchas de ellas pasan por malos días y éstas al abordar el vehículo no son corteses sino más bien groseros. Es por ello, que el conductor se contagia y repite esas malas conductas pero con sus otros pasajeros (pagan justos por pecadores). Pero si usted llega, con un aire diferente, radiante de alegría diciendo “¡Buen día!”, “¡Cóbrese señor, por favor!”, “¡Muchas gracias!”, “¡Que tenga un feliz día!”; puede asegurar que usted, con su buen hábito de la cortesía, habrá dejado una actitud positiva al menos a ese conductor, y que cuando éste se encuentre con otros pasajeros que hayan tenido un mal rato, habrá aprendido que siendo cortés se gana más y podrá fomentar la misma lección de cortesía que le ha aportado usted con otras personas, y éstas a su vez con otras, un “efecto mariposa”.

La cortesía en atención al cliente

Una recepcionista ha atendido diariamente a un gran número de personas, está cansada, está de mal humor y le responde mal a mucha gente, pero llega usted y con cortesía le dice: “Buen día señorita, ¿me podría ayudar con…?”, “Disculpe la molestia”, y la termina con “¿Se siente usted bien?, ¿le duele la cabeza?, ¿necesita una pastilla?”; no cabe duda que la recepcionista le dirá de muy buen modo lo solicitado.

 

En fin, lo importante es que en este mundo tan poblado, que crece y crece más, se haga de la cortesía un hábito y no una ausencia; para que se estimulen buenas acciones, porque la cortesía siempre traerá cosas buenas y jamás aportará algo negativo a una vida. Por lo tanto, recuerde usted que: “Lo cortés no quita lo valiente”.