Un hábito muy íntimo: escribir para uno mismo

Escribir para uno mismo puede parecer poco importante, no más que un hobby, pero la verdad es, y hablo desde la experiencia, que es mucho más que eso, muchísimo más. ¿No les ha pasado que cuándo están muy abrumados por algún sentimiento (ira, tristeza, emoción, conmoción, etc.) llegan a un punto en el que no saben ni qué sienten ni mucho menos como expresarlo? Puede pasar que, incluso, lleguemos a sentir que tenemos un remolino de sentimientos encontrados que nos mantienen alterados y confusos.

Cuando discutimos acaloradamente con alguien, es posible que podamos llegar a decir cosas hirientes de las que, probablemente, nos arrepentiremos una vez que tengamos la cabeza fría. Me he visto envuelta en situaciones como estas muchas veces: he sentido la frustración de no entender lo que sucede conmigo o el arrepentimiento producto de un par de cosas que realmente no quería decir y que lastimaron a alguien importante para mí. Afortunadamente, en los últimos años he encontrado un hábito que me ha ayudado a evitar, en lo posible, este tipo de situaciones que resultan tan incómodas, ¿y cómo? Dándole forma a mis sentimientos con la escritura.

Cuando adquirimos el hábito de escribir lo que sentimos nos desahogamos y nos quitamos pesos de encima sin siquiera notarlo

La escritura implica un acto inconsciente de reflexión: pensamos todo dos o tres veces antes de escribirlo, queremos que aquello que expresemos suene de la mejor manera posible, y para ello nos damos el lujo de leer y releer nuestras palabras hasta quedar conformes con el resultado. Todo ello, anudado al hecho de saber que lo que escribimos no será leído por nadie más que por nosotros mismos y la libertad de expresión que ello representa, da como resultado algo maravilloso: claridad mental y alivio.

Cuando adquirimos el hábito de escribir lo que sentimos nos desahogamos y nos quitamos pesos de encima sin siquiera notarlo, ordenamos nuestras ideas, y en el proceso nos relajamos y encontramos nuevas perspectivas desde las cuales dar con solución a nuestros pesares. Gracias a este ejercicio aprendemos a identificar los momentos en los que es preferible callar y aguardar hasta que los ánimos se calmen, aguardar hasta estar seguros de poder hacernos entender sin agresiones de por medio.

Escribir para nosotros mismos, sin embargo, puede resultar verdaderamente aterrador. La honestidad al escribir puede causar que, luego de una relectura más serena, hallemos cosas de nosotros mismos que duele tener que enfrentar, porque, después de todo, escribimos para nosotros mismos con el fin de desnudar nuestra alma, sin tapujos y sin miedo a los prejuicios, y al hacerlo nos encontramos cara a cara con quienes somos realmente. Este encuentro no siempre resulta agradable, no hay que olvidar que somos seres humanos y estamos llenos de defectos, pero aceptar y aprender a lidiar con nuestros demonios internos es un proceso, aunque arduo, fundamental para poder crecer y superarnos como persona.

Como ya ven, escribir para nosotros mismos es un hábito sumamente íntimo, acaso el mayor acto de intimidad personal, y así como puede resultar relajante y esclarecedor, también puede ser doloroso y duro de enfrentar, porque no siempre es fácil ser abiertamente honestos con nosotros mismos, pero créanme y confíen cuando les digo que los resultados finales son siempre satisfactorios porque, al conocemos plenamente, aprendemos a lidiar y a evitar las explosiones emocionales de las que hablábamos al comienzo.